Con los pies en la tierra
"La cantaora como reverberación de la memoria histórica"
Por Stephany Maldonado
Mayo, 2026
El 6 de octubre de 1995, la barranquillera Shakira Isabel Mebarak lanzó el que quizás fuera su álbum más icónico: Pies descalzos, una crítica mordaz a las convenciones sociales de su época, himno de rebeldía y un llamado a la libertad. El 10 de diciembre de 1982, en el frío de Estocolmo, ante un público de alta sociedad vestido de frac y levitando sobre alfombras rojas, Sonia Bazanta Vides —Totó la Momposina— subió al escenario descalza para acompañar al nobel colombiano Gabriel García Márquez a la ceremonia de premiación. Este acto, tan insólito para algunos como radicalmente bello en lo político y estético para otros, fue una afirmación vital de nuestra identidad. Su ornamento folclórico, el ritmo de sus tambores y su inquebrantable voz no eran un mero artificio exótico para entretener a la alta sociedad europea, sino una nota de dignidad sutil en medio del barullo de una colonización que logró impregnar el intelecto y el espíritu de la humanidad. Pisar el mundo con los pies descalzos —y el alma descalza— era llevar a las tarimas finamente tapizadas el murmullo del río Magdalena y el polvo y la tierra de San Basilio de Palenque, para recordarle al mundo y a su bandera occidental moderna que la memoria de los pueblos afrocolombianos no necesitaba venderse de manera exótica, ni domesticarse o colonizarse para ser universal.
Totó tenía la vestidura ancestral de las cantaoras, esas guardianas infatigables de la memoria que en cada nota nos dan el más sutil antídoto contra el letal veneno del olvido. Hay fiesta de tambores, pero también elegías que nos recuerdan que el cuerpo afrodescendiente históricamente ha sido cosificado, despellejado de su lenguaje y reducido a fuerza de trabajo bruta. Sin embargo, como es por las grietas por donde se filtra la luz, en la manigua y en el palenque ese cuerpo cosificado se rebela y dignifica, se reapropia de su humanidad al unísono con el tambor. La cantaora es la fuente de la liberación: en ella nace la metamorfosis del trauma de la opresión a la afirmación vital absoluta de la libertad.
En la tradición palenquera, la memoria no es un link inerte ni un like efímero; es la afirmación de la vida desde el contacto desnudo de los pies besando la tierra de la que forma parte. La cantaora es la médula, la savia de la conciencia y la memoria colectiva. En el canto de Totó interpretando un mapalé, un lamento o un bullerengue, no hay una mecánica fría y repetitiva, sino una invocación, un guiño tierno y certero a la vez a nuestros ancestros, a sus luchas y heridas; es el grito de resistencia hecho canto de Benkos Biohó y una remembranza de que la emancipación no es un evento canónico del pasado, sino un canto continuo e inagotable en una sociedad que nos aísla y nos empuja hacia la amnesia histórica, la homogeneización y el entretenimiento vacío. Ojalá recordemos a Totó con el alma y los pies descalzos.
Totó la Momposina canal youtube oficial:
Lineth Abella (viernes, 22 mayo 2026 12:02)
Es un acto simbólico de resistencia y reexistencia muy valiente. Excelente artículo nos recuerda nuestras raices.
Vicky Quintero (viernes, 22 mayo 2026 04:58)
Con este relato tengo que hacer una tarea y me encanta lo impecable y pulido que es �
ROSAURA MESTIZO MAYORGA (miércoles, 20 mayo 2026 20:39)
Gracias Stephany, por esa reseña impecable y colmada de atributos a la forma, la historia y el lamento de la leyenda y pasó de sometimiento del Palenque, reivindicado en voz y grito de sus raices. Esa fue la inmemorable historia de sometimiento en la voz y grito de "Toto la momposina". Toda una leyenda y grito de libertad.