Colombia sigue fallando a las mujeres

El caso Colonia y el retrato de un sistema que protege tarde y mal, una justicia que parece funcionar solo bajo presión

Por Daisy Yael Castañeda 

Fundación Mujer Libre

Noviembre, 2025

 

 

En un país donde la violencia contra las mujeres continúa avanzando con una regularidad aterradora, el caso Colonia emerge como una luz incómoda: ilumina, pero al hacerlo evidencia todas las sombras institucionales que el Estado ha preferido ignorar durante años.

 

Tras un proceso lleno de demoras, silencios, puertas cerradas y una cadena de negligencias que se volvió parte del expediente, este caso logró dos condenas históricas:

  • 18 años, en octubre.
  • 9 años, este 14 de noviembre.

Dos sentencias que celebramos, sí. Pero que no romantizamos. Porque no deberían ser noticia extraordinaria; deberían ser la mínima garantía en un país donde la violencia basada en género ya no es un fenómeno: es un diagnóstico nacional.

 

La víctima buscó ayuda, denunció, insistió, tocó puertas. La respuesta institucional fue la misma de siempre: trámites que se alargan, funcionarios que no investigan, excusas que parecen guiones repetidos. El camino hacia la justicia fue una carrera cuesta arriba que ninguna mujer debería correr.

 

Y, aun así, se logró.

¿Milagro?

No.

Presión social, acompañamiento jurídico y periodismo serio.

 

Un camino que nunca debió ser tan difícil

 

Y si, Las víctimas se cansan. Se cansan de las dilaciones, de las audiencias eternas, de enfrentar a sus agresores que, incluso frente a la institucionalidad, se sienten con licencia para insultarlas y revictimizarlas.

 

Se cansan de un sistema que debería protegerlas, pero que muchas veces parece más dispuesto a dejarlas solas.

 

Por eso fue necesario que la verdad se moviera desde afuera. Fue necesario el movimiento de género conformado por abogadas, peritos forenses, defensoras, y la trazabilidad rigurosa que llevaba la Fundación Mujer Libre, encabezada por sus directivas, hasta lograr que la investigación de Las Igualadas y otros equipos periodísticos no solo destapara lo que ocurría, sino que obligara al sistema a moverse.

 

Gracias a su rigor, ética y persistencia, el caso Colonia dejó de ser otro expediente durmiendo en un archivador. Hoy las víctimas no están solas, y la impunidad ya no puede esconderse.

 

Este caso demuestra que la justicia funciona cuando la sociedad la empuja, cuando el periodismo la vigila y cuando las organizaciones la sostienen.

 

De lo contrario, la inercia institucional es tan fuerte que lo normal es la impunidad.

 

Este triunfo no es el cierre de una historia: es una alarma.

Y un precedente que dice con fuerza:

Sí se puede, pero no debería costar tanto.

 

El caso Colonia no solo reveló un crimen y sus responsables; reveló también una cadena de omisiones que durante años y meses puso en riesgo a la víctima y entorpeció la investigación. Aunque se lograron dos condenas, el proceso muestra el rostro más crudo de la violencia institucional: la negligencia.

 

En un país donde se registran más de 66 mil casos de violencia de género al año y más de 700 feminicidios, la justicia sigue operando con una lentitud que raya en la complicidad. El 98% de los feminicidios permanece impune.

 

Y Hoy es 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, y Colombia nos recibe con cifras que parecen escritas en piedra:

  • 66.621 casos de violencia de género en 2024, 75,6% contra mujeres.
  • 745 feminicidios en diez meses.
  • El 98% de los feminicidios sigue impune.
  • El 99% de los casos de acoso sexual no llega a condena.

Las cifras no fallan: el sistema judicial sí.

 

La justicia colombiana tiene un talento especial:

Camina lento cuando se trata de proteger.

Corre solo cuando es para archivar.

Y cuando por fin condena, espera aplausos.

 

Parece que la consigna es: “Vamos a actuar… pero cuando ya sea demasiado tarde”. Total, ¿Qué prisa puede haber si la víctima ya no está?

 

Desde Fundación Mujer Libre reiteramos:

  • Protección real y oportuna para las mujeres.
  • Rutas de denuncia que no revictimicen.
  • Funcionarios con perspectiva de género.
  • Procesos judiciales que no dependan de la presión mediática para avanzar.
  • Cero tolerancia con la negligencia institucional.

Hoy, en este día de memoria y resistencia, recordamos que:

No estamos pidiendo favores.

Estamos exigiendo derechos.

 

No queremos más minutos de silencio.

Queremos años de justicia.

 

No queremos más nombres en titulares.

Queremos más condenas, más prevención y más Estado.

 

Porque la violencia avanza rápido.

La impunidad, más.

Y la justicia… a veces parece que se quedó sin batería.

 

Por eso seguimos aquí:

Pintando un mundo sin violencia, empujando al Estado a hacer su trabajo y recordando que la vida de una mujer nunca puede depender de la suerte ni de la presión mediática.

 

El caso Colonia es un triunfo.

Pero sobre todo, es un mensaje:

No vamos a dejar de exigir. No vamos a dejar de luchar. No vamos a dejar de incomodar.

 

Hasta que la justicia deje de ser una excepción

 

 

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