TRUMP, POPULISMO Y (ANTI)GLOBALIZACIÓN

Jaime O. López de Mesa C.

jaimelopezdemesa@gmail.com

Bogotá, febrero de 2017

 

Muchos analistas han planteado la poca capacidad del presidente Trump, han recalcado sobre su supuesta ignorancia acerca de los asuntos económicos e internacionales, esa es una dirección errada.

Si se quiere realmente hacer frente a los riesgos que implica su mandato hay que reconocer la inteligencia con que manejó la campaña y la estructura orgánica de su discurso.

 

La llegada a la presidencia por parte de Donald Trump ha suscitado innumerables comentarios que buscan explicar las razones por las cuales su discurso populista ha sido exitoso, en estas líneas pretendo plantear una dirección analítica complementaria.

 

Son varios los aspectos que hay que tener en cuenta para interpretar y comprender el giro que implica la presencia del empresario neoyorquino en la Casa Blanca. Por supuesto, su enorme fortuna ha jugado un papel básico para poder financiar su carrera política, también ha sido importante su figura mediática construida especialmente con base en sus programas de reality, ampliamente difundidos a través de los canales de televisión globales.

 

Un elemento central es su discurso claramente populista centrado en una doble ruptura, por una parte, con el establishment norteamericano consolidado a partir de la Segunda Guerra Mundial cuyas raíces se extienden hasta comienzos del siglo XIX; y por la otra, con la visión del manejo económico que en apariencia promete una ruptura con el proceso de globalización.

 

Laclau[1] en su análisis sobre el populismo destaca tres precondiciones para que éste surja, veamos cómo cada una de ellas se ha cumplido para el caso que nos ocupa. Primero, la formación de una frontera interna antagónica separando el “pueblo” del poder. En efecto, un componente del discurso de Trump que iba más allá de los eslóganes fue precisamente su intención de regresarle al pueblo estadounidense el poder político, como quedó plasmado en su discurso de posesión:

 

 “hoy no estamos haciendo una mera transición de poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington DC y devolviéndoselo a ustedes, el pueblo estadounidense”.

 

Se establece, pues, una frontera antagónica entre quienes detentaban el poder y el pueblo que ha sido excluido de las decisiones de política, situación que ha conducido, según el discurso conservador de Trump a que:

 

durante demasiado tiempo, un pequeño grupo de nuestra nación ha cosechado los beneficios del gobierno mientras la gente carga con los costes…  El 'establishment' se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de este país”.

 

Una segunda precondición para el populismo es lo que Laclau denomina una articulación equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del “pueblo”. Y en efecto, una de las razones para el éxito de Trump fue la capacidad de articular en su discurso propuestas concretas de política con los significantes vacíos, es decir, con aquellas variables que una gran parte del pueblo estadounidense sentía como vitales para su sobrevivencia y que no habían sido escuchadas ni asistidas por los gobiernos anteriores. Esas demandas son significantes, es decir, de importancia, pero vacías en tanto no eran atendidas. Se reinstaura entonces el poder al ciudadano común, al “pueblo” del cual el nuevo líder hace parte, así Trump afirmó:

 

“nosotros, los ciudadanos estadounidenses, estamos ahora unidos en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restablecer el futuro prometedor para todos los estadounidenses. Juntos determinaremos el rumbo de Estados Unidos y del mundo en los próximos años”.

 

Es el momento del pueblo pues la situación va a cambiar porque este momento es su momento, les pertenece:

 

“Este momento pertenece a todos los que están aquí reunidos y a todos los que nos están viendo en Estados Unidos. Este es su día. Esta es su celebración. Y Estados Unidos es su país”.

 

Finalmente, una tercera precondición es la unidad de ese conjunto de demandas en un sistema estable de significación. En este punto vale la pena reseñar que el discurso ultraconservador y neopopulista de Donald Trump logró la articulación de una serie de demandas que flotaban en la sociedad, demandas significativas, pero de las cuales se desentendió del establecimiento, es decir significantes flotantes que no lograban unidad en el discurso político dominante y que ahora son reconstruidas como significantes vacíos que interpretan las necesidades del “pueblo”. De acuerdo con el presidente Trump:

 

“los estadounidenses quieren buenos colegios para sus hijos, barrios seguros para sus familias y buenos trabajos para ellos. Estas son demandas justas y razonables para un público honrado. Pero para muchos de nuestros ciudadanos, la realidad es otra…”,

 

Como lo señaló hace más de doce años Yves Surel [2], el recurso al pueblo es central en el populismo: “(1) el “pueblo” es el soberano del régimen político y el único referente legítimo para interpretar las dinámicas sociales económicas y culturales; (2) las élites de poder, especialmente las políticas, han traicionado al “pueblo” al no cumplir las funciones para las cuales fueron designadas; (3) es necesario restaurar la primacía del “pueblo”… Este es el núcleo duro del populismo entendido como esquema ideológico, y constituye un conjunto de recursos discursivos diseminados dentro de los regímenes democráticos”.

 

El discurso de Donald Trump a lo largo de su campaña, y en su posesión presidencial, presenta claramente la línea conductora expuesta por Surel. En síntesis, su discurso constituye una pieza del populismo apuntalada por las desigualdades y vacíos democráticos generados por el proceso globalizador de corte neoliberal.

 

Sin embargo, la llegada al poder de un populista de derechas en un país desarrollado no debería sorprendernos, son muchos los ejemplos en este sentido, Berlusconi en Italia, Sarkozy en Francia, Blair en el Reino Unido, por sólo mencionar algunos casos.

 

El problema radica, como lo señalo también Surel, que los populismos tienden hacia una deriva autoritaria, y por lo acontecido desde la toma de posesión, es la tendencia del presidente Donald Trump. Su trato discriminatorio contra algunos medios de comunicación, la construcción del muro en la frontera con México, la decisión de deportar a inmigrantes por el solo hecho de provenir de países árabes aun cuando tengan documentos que legitimen su presencia en Estados Unidos, constituyen algunos de los síntomas de dicha deriva autoritaria.

 

Es importante entonces, tener presente que señalar al presidente Trump como un incapaz, un inepto o un ignorante de los procesos políticos y de los asuntos internacionales, constituye un error, su capacidad discursiva, su habilidad para articular necesidades sentidas por gran parte de la población estadounidense y unificarlas en un discurso que para dicha población es coherente e interpretativo de sus angustias, refleja inteligencia y astucia política. Como lo señaló Newt Gingrich en el Washington Post “este es un presidente mucho más sofisticado de lo que sus críticos creen”[3].

 

Por lo tanto, un paso importante para construir una crítica coherente y sólida ante un gobierno discriminatorio y negacioinsta de problemas que atañen a toda la humanidad, partiendo de negacionismo de la ciencia, en particular en lo que respecta a los problemas del medio ambiente, así como para plantear acciones estratégicas frente a esta arremetida, es la de reconocer que no se trata de un personaje y de un equipo anodinos, sino de toda una línea de pensamiento que está detrás de la argumentación discursiva y de las acciones y decisiones políticas de su líder.

 

Afirmaciones reprobatorias tales como que con su gobierno llegó el fin de la globalización constituyen el reflejo de una crítica pobre, desnutrida de argumentos y simplista que poco aporta a las luchas sociales contra el hegemón ahora gobernado por un populista de derechas.

 

Aspectos tales como el fin de la globalización, la decadencia de los Estados Unidos, el progresivo cambio de polaridad de los poderes económicos de occidente hacia oriente, las contradicciones entre las ansias del poder político nacional y el carácter trasnacional del capitalismo, son elementos que se deben tener en cuenta a la hora de evaluar el naciente gobierno de Donald Trump. Sobre estos asuntos volveremos en próximas columnas.

 

 



[1] Laclau, Ernesto (2005) La razón populista. Fondo de cultura económica, Buenos Aires.

[2] Surel, Yves (2003) Berlusconi, leader populiste ? en Oliver Ihl, Janine Chène, Eric Vial, Ghislain Wartelot (dirs.) La tentation populiste en Europe, París, La Découverte.

[3] Gingrich, Newt (2017) Newt Gingrich: Margaret Thatcher is the real model for the Trump presidency. The Washington Post, January 26

 


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Comentarios: 1
  • #1

    Omar Iván Vargas Ballén (jueves, 16 febrero 2017 09:54)

    Buena documentación actualizada, felicitaciones