Textos y texturas de la poesía colombiana

 

Compartimos la segunda entrega de "Poetas de la ciudad bipolar: Mujeres que sienten, viven y escriben Bogotá" de la escritora Angelita Acero.  En la primera parte, de este valioso artículo sobre poéticas de mujeres en su relación con la ciudad, Angelita nos presentó siete poetas contemporáneas: Diana Carolina Daza Astudillo, Laura Andrea Garzón, Alejandra Becerra, Paula Bernal Samudio, Jenny Bernal, Daniela Sandoval y Laura Marcela Castillo, quienes, desde su sensibilidad, han sabido convertir a Bogotá en materia viva de poesía. Sus versos nos revelaron la urdimbre de una ciudad en constante movimiento, áspera y entrañable, marcada por contrastes que son también espejo de quienes la habitan.

 

Hoy publicamos la segunda entrega. En esta ocasión, Angelita nos acerca a otras siete voces cuya obra, desde sus propios territorios de escritura y simbolismo, reinterpretan Bogotá como escenario de encuentros y rupturas, como espacio de luchas íntimas y colectivas. 

 

 

Poetas de la ciudad bipolar: Mujeres que sienten, viven y escriben Bogotá (Segunda parte)

Por Ángela Acero Rodríguez *

Septiembre, 2025

 

Vivir en una ciudad enorme, caótica, multicultural, policromática, amada y odiada; capital de todos y de nadie, sin duda se constituye en un seductor motivo para la creación artística en todos sus niveles. Escribir poesía teniendo como paisaje la capital colombiana, trae temáticas interesantes, extrañas, sensibles y muy particulares. En esta edición especial y con motivo de la celebración del cumpleaños número 487 de la que yo llamo “ciudad bipolar” (por el clima, los habitantes, la geografía, los estratos, los acentos, entre muchas cosas más arraigadas a los “2600 metros más cerca de las estrellas”); acompañados de la música, los colores, los cantos, las memorias y la poesía que es lo que nos convoca en esta lectura, me tomo el atrevimiento de recomendar catorce (14) mujeres poetas, nacidas en Bogotá, apasionadas por la escritura, con concepciones distintas acerca de lo que esta ciudad les atraviesa y les conmueve y cuya poesía es una hermosa muestra del trasegar por calles y carreras de asfalto y llovizna. Como bogotana, “rola” en constante y seductora confrontación con esta Bogotá exótica, hostil y generosa, les presento las siguientes escritoras -con la conciencia que hay muchas más- pero las elijo a ellas porque considero que merecen ser leídas y reconocidas, porque su voz está activa, porque creen en la palabra y su apuesta viene desde el corazón, la empatía y el amor por lo que hacen; sobre todo porque es valioso poder encontrarlas en alguna calle de esta ciudad y dialogar con cada una en algún café, en algún bar, en algún encuentro poético propiciado por lugares tan bohemios como cotidianos; además de compartir la lectura en voz alta como acto de paz y amor. 

 

Estas mujeres poetas habitan esta ciudad con la valentía y la imponencia que exige este carácter bogotano; son rockeras, caminantes, viajeras, con punk y merecumbé en las venas y que a ratos permiten que su espíritu se conmueva con un bolero o un vallenato. Con la fuerza de su voz nos hablan de historias dolorosas de este país, pero también nos alientan a encontrar en lo cotidiano la belleza de las cosas. Animales, plantas, paisajes lejanos de mar, ríos, montañas se revisten de una magia especial en sus voces cuando son nombrados cuidadosamente en sus versos.  La casa, los patios de la infancia, la escuela, los amigos, las fiestas, el crecer, el ejercicio de la escritura, entre tantos otros temas, son trazados con un honesto andar por esta elección creativa que implica la poesía en estas mujeres. Mi acercamiento a ellas y a su voz me inspira para aleatoriamente presentarlas un poco con sus letras y su sentir. Sin importar su edad, si han publicado o no, si su nombre resuena en los círculos de poesía, si han ganado premios o distinciones, si nos une la amistad o no hemos tenido la oportunidad de compartir alguna lectura, las recomiendo desde mi admiración por su escritura, la fuerza de su voz y por el vínculo creativo que mantiene con esta ciudad así no sea explícitamente nombrada.

 

Stefhany Rojas Wagner 

(Bogotá, 1994)

La poesía de Stefhany es visceral y al mismo tiempo hermosa. Mueve fibras inimaginadas con su forma de ver el mundo, nombrarlo y apropiarse de él. Tiene la capacidad y el don de conmover hasta lo inerte. Entre humo, personajes de cine, ciudades sombrías y amores intensos, de pareja, de familia, de amigos y hasta de cosas, ella nos participa de su vivencia y de su dolor por las injusticias y la marginalidad. Con un humor muy sutil nos lleva a desear ser protagonistas de sus parajes citadinos, de  su voz y su sentir.

 

“La ciudad convulsiona con sus luces, mi saliva es púrpura como un muro, / pero cierro los ojos y ahí sigue la sangre, / el lenguaje crece en este cuerpo desmembrándome.

 Poco a poco / saco los dedos de mi casa donde nunca deja de llover

y toco las grietas de mi boca. / ¿Estoy callada o estoy muerta?

Acudo a mi primera luz.”

 

 

Diana Carolina González  

(Bogotá, 1982)

Diana abre una puerta a la espiritualidad poética. La compasión con la que observa el mundo y dialoga con todo lo existente desde una infancia llena de memorias animales y de contextos naturales. Las preguntas son constantes, intencionales, llevan a un collage de imágenes de lo diminuto que es capaz de alzar su voz y recomponerse en cada verso de la poeta.

 

“Monserrate. Abrir un hueco en el centro de la montaña, escoger la más alta y cercana a tu casa: 3100 metros más cerca de las estrellas. Convertirla en tumba, pirámide de Guiza. Envolverse en gasas, guardarse en un sarcófago, llenarlo de comida, agua y luciérnagas.

Tener la certeza de que el clima tapará el agujero, esperar. Acabar las provisiones, esperar. Hacer contacto con la esencia divina que habita en el fondo del corazón de las criaturas, esperar. Desesperarse por no saber si ya es la muerte. Preguntarse ¿Cómo se me ocurrió esta idea? Iluminarse de luciérnagas para contar los dedos ¡Siguen completos!, esperar. Dormir para hacer cara al encierro.”

 

 

Paula Alejandra Castillo 

(Bogotá, 1998)

Apasionada, polifacética e interesante, como un alma vieja que recorre miles de veces los mismos escenarios para reconfortar el lenguaje con nuevas palabras. La poesía de Paula nos lleva por laberintos de preguntas que rememoran infancias llenas de preguntas y respuestas de sentidos interminables. Lo cotidiano va de la mano con una honestidad brutal en sus letras y en su forma de habitar esta ciudad.

 

“PIOJOS. Ahora sé que la infancia está cundida de caminantes / que succionan sangre e inocencia. / Mamá amasa mi cabello mientras el champú escupe espuma y piojos, / cierro los ojos como si de eso dependiera mi vida. / Sálvame madre, llama a la abuela y juntas espúlguenme el alma, / construyan una cama juntando las uñas y exploten mi cuerpo en ellas.”

 

 

Ximena Martínez

(Bogotá, 1995)

La poesía de Ximena nos pone lo cotidiano en frente de nuestra propia voz, es un diálogo con esos recuerdos de infancia, de los barrios, de la ciudad, del ruido, del baile… leerla es como intentar encontrarle la clave a una canción pegajosa, escucharla es adentrarse en lo inconmensurable del lenguaje cuando el diálogo es tan urbano entre amigos que bailan y espejos que responden preguntas.

 

“LOS 44 CAÑONAZOS BAILABLES. No celebro navidad

pero me gustan los diciembres / la gente suelta el cuerpo

el verbo se desparrama / el aire baila otro cañonazo

y hasta los gota a gota llaman a olímpica pa’ que les maten las culebras. / La gente conecta más con su básico instinto: comer rico / amacizar otro cuerpo hambriento /prender fuego a la intención bailar y marear penas / emborrachar el río / ponerle el estén a la nueva tusa / ya saben, lo importante…”

 

 

Tres poetas en Bogotá

 

También me he tomado el atrevimiento de recomendar la lectura de tres mujeres poetas cuya cuna de nacimiento está alejada de Bogotá; sin embargo, han pasado la mayoría de su vida viviendo, creando y trasegando la capital colombiana y en cuya poesía está el sello de lo que implica este vivir entre cerros, asfalto, frío; tres formas de habitar que embelesan, retan, enamoran y trasgreden la pluma y la creación poética. Su poesía me ha permitido ver otros paisajes, los que llevan de nacimiento en sus ojos, de los que hablan y de alguna manera los que extrañan. Leerlas (a ellas en este caso) me deja impulsos y admiraciones en mi hoja en blanco, me interpelan con tantos temas que no me he atrevido a escribir; pero también me dejan con una dulzura poética que se instala en mis oídos y me hace admirarlas y sentirlas tan bogotanas y con tantas discrepancias ante esta ciudad como yo. Reitero que todo lo escrito aquí hace parte de mi elección y mi recomendación personal.

 

 

Max Cristancho

(Yopal, Casanare, 2003)

La poesía la ha acompañado siempre, puede que ese sea el motivo para resaltar su amor por las letras y el entusiasmo que pone en las lecturas en voz alta. Las reflexiones de vivencias de infancia, ficcionadas o no, nos envuelven en historias que nos empujan a querer llegar al desenlace -desde la poesía misma-. La muerte, la enfermedad, los virus, ese revés de la vida es lo que pone a consideración en sus letras para llevarnos al abismo de nuestro propio espejo.

 

“Cuando elijas la muerte entenderás la poesía / la palparás

porque tras de ella está el umbral / de todas las cosas hermosas

eróticas. ¿Conoceremos los planes divinos detrás de la tos y las palpitaciones psicosomáticas? / ¡La muerte es hermosa! lo han gritado. / Pero cuánta mentira cabe en ese  adjetivo prosaico: una palabra llena  de baba y espuma endométrica…”

 

 

Mery Yolanda Sánchez

(Guamo, Tolima, 1956)

Leer a Mery Yolanda es un regalo de las letras. Una honestidad brutal en su pluma hace que las emociones de quien lee salgan a flor de piel. Su poesía tiene el don de conmover, de poner en tensión afectos y opiniones ante las vicisitudes de la guerra, la vida, la ausencia, las pérdidas y el extrañamiento de sí mismos. Su arraigo y desarraigo camina con ella por las calles del centro de Bogotá, entre cafés e historias que la impulsan a escribir y a levantar la voz, a pesar de lo difícil que es vivir como poeta en una ciudad su palabra es tan hermosa como contundente.

 

“SALMO. Saco el último vestigio en alas de mariposas.

Enjabono y tuerzo. / Al tacto del      viento con mis manos

un olor confuso se aproxima por la   acera izquierda.

Lo guardo, / trato de meterlo en la   taza del baño,

pero en remolinos es vaciado a mi    boca.

Tiento, / palpo cada pliegue del pecho. / Hace falta mucho                detergente 

cuando mi país hasta en la ropa       duele.

 

 

Yirama Castaño Güiza 

(Socorro, Santander, 1964)

Yirama es un poema en cámara lenta, su voz y su musicalidad permite que quienes la escuchamos nos dejemos llevar por la danza y hechizo de sus palabras. Sus versos llevan pájaros y paisajes, un silencio que abriga y también un baile de bullerengue y diálogos con madre, padre, árbol, piedra y río. Su voz es la intensidad del universo que ella honra y ritualiza en su escritura.

 

“Me dijeron que tendría una infancia feliz. / Existen anuncios de tiempos locos, / de cabezas al revés. / Un juego de espejos, / con imágenes que se deforman: altas, gruesas, anchas, bajas. / Un túnel para el miedo, / con manos que te agarran y te sueltan.

Ya viene la feria. / Una montaña rusa, / un tiro al blanco.

A la salida, te darán un oso negro, como premio.”

 

 

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* Ángela Acero Rodríguez 

(Bogotá, 1981)

Bogotá, 1981. Profesional en Filosofía. Magistra en Estudios Culturales. Hace música y fotografía que incluye en algunas de sus intervenciones poéticas. Tiene cuatro publicaciones de poesía: Manecillas en estado alterado (2013), Dos días después de vos (2016), La Poetería (2018) y Los peldaños de la inercia (2019). Coordina talleres de escritura para jóvenes y adultos. Ha participado de numerosas antologías de escritores, programas de radio y encuentros nacionales e internacionales.

Correo: [email protected]

 

 

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Poetas de la ciudad bipolar: 

Mujeres que sienten, viven y escriben Bogotá

(Primera parte)

En este enlace puedes leer la primera parte del articulo sobre las poetas: Diana Carolina Daza Astudillo, Laura Andrea Garzón, Alejandra Becerra, Paula Bernal Samudio, Jenny Bernal, Daniela Sandoval y Laura Marcela Castillo.