Poemas Naturales
"Brayan Cifuentes"
Por Héctor Cañón
Revista Quira, octubre, 2025
Poeta, cuentista y novelista, nacido en Cabrera Cundinamarca en 1989. Licenciado en Ciencias Sociales vinculado al magisterio de Colombia. Tiene estudios de derecho de la Universidad de La Sabana y parte de una maestría en geografía en la Universidade Estadual Paulista de São Paulo, Brasil.
Ha sido galardonado con diferentes premios y convocatorias y sus textos han sido publicados en varias antologías. En 2023 fue seleccionado como uno de los ganadores del mundial de escritura, organizado en Argentina con su poema “Canción de Delfos”, incluido en la antología titulada “¿Podrán los robots escribir poesía?”
Es autor de los siguientes títulos: Cuentos del Sumapaz (2020), Poemas Conjurados (2021) PERLARIO, XX Historias de amor y otras minificciones (2022), y La Ciudad de la niebla. Novela (2022)
Agua Somos
Ahí va el agua
llevando nuestras penas
con gotas amargas
de suciedad y olvido,
de ingratitud y lágrimas.
Agua somos
mientras estamos vivos,
polvo y agua,
y barro frío.
Cuidemos el agua,
sembremos arbolitos,
más aves para la montaña,
más peces para los ríos.
No dejemos que el agua acabe,
no permitamos que se sequen
los ríos.
Cuidemos el árbol,
cuidemos los animales,
cuidemos la montaña,
cuidemos los ríos.
Cambiemos como humanos,
cuidemos nuestro planeta,
pues nadie se baña dos veces
en un mismo río.
Ante la desnudez de la luna.
por los ríos de arena, en las calles de Palomino.
Sueño del iluminado
El bosque fue mi dios
y fue mi casa.
Habité entre los árboles;
ellos fueron mis hermanos.
Respondieron a mi pregunta con el lenguaje del viento ¿Cuál es el origen del sufrimiento?
Su respuesta vibró en su piel profunda de cama y fuego.
Medité en ella bajo su húmeda sombra de tanto llanto. Corrí sin tropezarme
casi levitando, en su enmarañado abrazo,
con pies de hierba y raíces.
Mi sangre se hizo verde
entre mis venas
y mi corazón bailó
con el latido de la tierra
a través del rumor de las cigarras.
Las orquídeas fueron mis hermanas,
su vainilla inundó el aire
en el que las libélulas se convirtieron en hadas.
Los pájaros fueron mis hermanos.
Me guiaron entre las brumas,
me consolaron con su canto;
se convirtieron en querubines que encendieron la lumbre de mi noche más oscura, cuando anidaron en mis manos las tarántulas,
las cobras me abrigaron y me protegieron de la lluvia.
Lamieron mis lágrimas y cuando el alba desplegó sus alas
murmuraron a mi oído con voz de barro, hojas y luz: Despierta Siddhartha.
Llueve en este haiku
Embriones de cielo
alumbran su caída,
y se abren en tierra.