¿ Dignidad o sumisión ?
"El "as bajo la manga" de Colombia frente a EE.UU"
Por Edgar Fernando Rodríguez
Economista y abogado, docente universitario
Febrero, 2026
Con la ayuda de la IA me puse en la tarea de encontrar y desarrollar una idea que le escuché al politólogo liberal Hernando Gómez Buendía, hace más de 25 años, consistente en su idea de que Colombia no puede esperar ayudas, auxilios, subsidios y condolencias norteamericanas en su relación bilateral, sino tomar una posición de dignidad nacional siempre en condición de NEGOCIACION de país a país, y la carta principal o “as bajo la manga”, es la lucha antidrogas, no de sumisión (Colombia) e imposición (USA), sino de una real cooperación bilateral en la que ambos ganan.
Hernando Gómez Buendía sostiene que la lucha contra el narcotráfico, lejos de constituir únicamente una obligación impuesta a Colombia por Estados Unidos, ha sido históricamente el principal instrumento de poder negociador del Estado colombiano en su relación bilateral con Washington. Su tesis invierte el marco dominante de análisis: Colombia no es solo un país dependiente de la cooperación estadounidense, sino un actor indispensable para la viabilidad política, estratégica y simbólica de la política antidrogas de Estados Unidos.
Según Gómez Buendía, el problema de las drogas debe entenderse ante todo como un fenómeno generado por la demanda y la política interna estadounidense. La producción y exportación de cocaína desde Colombia responde a un mercado externo cuya regulación, consumo y criminalización se definen principalmente en Estados Unidos. En este sentido, la cooperación colombiana no es un favor ni una concesión unilateral, sino una condición necesaria para que Estados Unidos pueda sostener su narrativa de “guerra contra las drogas” ante su opinión pública y su sistema político.
El autor subraya que esta interdependencia crea una relación asimétrica, pero no unidireccional. Si bien Estados Unidos ejerce presión mediante mecanismos como la certificación, la ayuda condicionada o la extradición, dicha presión revela al mismo tiempo una dependencia estructural: sin la colaboración activa de Colombia, la política antidrogas estadounidense carece de resultados visibles y pierde legitimidad interna. De allí que la lucha antidrogas funcione como una “carta” que Colombia podría —pero rara vez ha sabido— utilizar estratégicamente en la negociación bilateral.
Gómez Buendía critica que el Estado colombiano haya aceptado tradicionalmente el marco moral y evaluativo impuesto por Estados Unidos, presentándose como un actor culpable que debe demostrar obediencia, en lugar de asumirse como un socio con intereses propios. Esta aceptación, argumenta, ha debilitado la capacidad negociadora de Colombia y ha convertido la cooperación antidrogas en un instrumento de subordinación más que en un espacio de negociación política.
Finalmente, el autor plantea que una estrategia más racional habría consistido en condicionar la cooperación antidrogas a una corresponsabilidad real, que incluyera no solo recursos militares y policiales, sino también compromisos sustantivos en materia de desarrollo rural, reducción de la demanda, control del lavado de activos y respeto por la soberanía en la definición de políticas internas. En este marco, la lucha contra el narcotráfico no debía entenderse como el principal pasivo internacional de Colombia, sino como su mayor activo estratégico frente a Estados Unidos.