Olas de Fuego en el Pacífico
El Nuevo Golpe de EE.UU. que Eleva a 61 los Muertos y Desata Alarmas en la ONU
Por Isabel Cortés
Noviembre, 2025
El 29 de octubre de 2025, el silencio del pacifico oriental se quebró una vez más: misiles estadounidenses impactaron una lancha sospechosa de narcotráfico, silenciando cuatro vidas en un instante. No fue un incidente aislado, sino el golpe 15 en una campaña que, desde septiembre, ha transformado aguas internacionales en un campo de batalla unilateral.
El secretario de Defensa Pete Hegseth lo anunció en X con videos granulados de la explosión, elevando el conteo de víctimas a 61 —hombres, en su mayoría, descritos como "narco-terroristas" sin rostro ni juicio previo.
Esta vez, la ONU no se limitó a observar: expertos independientes advirtieron que estas operaciones no solo violan el derecho internacional, sino que siembran semillas de inestabilidad regional, recordándonos que la guerra contra las drogas puede convertirse en un conflicto mayor si no se frena.
Esta ofensiva marítima —conocida internamente como "Operación Ola Limpia"— evolucionó de ataques quirúrgicos en el Caribe a una expansión agresiva en el Pacífico, donde convergen rutas mexicanas y colombianas con tensiones geopolíticas latentes. Lo que inició como promesa electoral de "mano dura" hoy fractura alianzas: genera protestas en América Latina, críticas bipartidistas en Washington y un debate global sobre si la soberanía cede ante la violación sistemática de derechos humanos y el debido proceso.
Cronología Actualizada: De 57 a 61 Muertos en Dos Meses de Misiles
Basado en reportes del Pentágono y verificaciones independientes, el 28 de octubre marcó el pico con 14 fallecidos en un solo día —el más letal hasta la fecha—. Dos días después, se añadieron cuatro personas asesinadas más, confirmando el total de 61 en 15 operaciones. Esta progresión no es aleatoria: inteligencia de la CIA y la DEA identifica "rutas conocidas", pero la falta de evidencia pública alimenta sospechas de sesgos, como priorizar blancos cerca de costas aliadas o ignorar flujos de fentanilo desde Asia.
Aquí, una tabla revisada con los eventos clave hasta el 30 de octubre, sintetizando datos de fuentes oficiales y análisis:
Estos datos, compilados a partir de anuncios oficiales del Departamento de Defensa y verificados con reportes de la ONU, revelan un claro sesgo: el 65 % de las víctimas se concentran en el Pacífico desde octubre, precisamente donde operan carteles como Sinaloa y disidencias colombianas. Sin embargo, no existe registro público de droga incautada —solo afirmaciones de "narcóticos a bordo"—, un vacío que el relator de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Morris Tidball-Binz, califica como "opacidad peligrosa".
El Eco de la ONU: Violaciones que Amenazan la Paz Regional
La actualización del 29 de octubre no solo sumó asesinatos, sino un veredicto internacional. Expertos de la ONU, en un comunicado conjunto, reiteraron que estos ataques cinéticos letales equivalen a "ejecuciones extrajudiciales" que contravienen la Carta de las Naciones Unidas y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. "El derecho internacional no autoriza a un Estado a actuar como juez, jurado y verdugo en aguas compartidas", declararon, advirtiendo que tales operaciones "ponen en riesgo la paz regional al erosionar la confianza mutua y escalar tensiones con naciones soberanas". Esta no es una voz aislada: desde septiembre, relatores especiales han documentado al menos 14 incidentes iniciales como violaciones flagrantes, enfatizando la ausencia de intentos de captura o registro previo de las embarcaciones.
La falta de autopsias independientes y la devolución de sobrevivientes sin debido proceso avivan el debate. En contraste, Amnistía Internacional reporta que estos ataques cinéticos letales podrían clasificarse como crímenes de guerra si se prueban motivaciones no defensivas, un eco de críticas pasadas a operaciones en Yemen o Somalia.
Rechazo Regional
El presidente colombiano Gustavo Petro, recientemente incluido en la Lista Clinton por presuntas vinculaciones históricas con grupos armados, ha elevado su denuncia contra estas operaciones estadounidenses.
Petro las califica sistemáticamente como “ejecuciones extrajudiciales” que pisotean el derecho internacional y la soberanía de naciones latinoamericanas. En un mensaje difundido el 30 de octubre, cuestionó el mutismo de gobiernos caribeños: “¿Qué piensan los gobiernos del Caribe? ¿Qué piensan sus pueblos?”, antes de revelar que Colombia impulsará una resolución ante el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU para debatir la legalidad de los bombardeos y exigir su cese inmediato.
Analistas interpretan esta movida como un contrapeso diplomático, especialmente tras el incidente en Cabo Verde —donde el avión presidencial colombiano enfrentó restricciones logísticas atribuibles a presiones estadounidenses—, que Petro describió como una “humillación” ligada a su inclusión en sanciones sin base jurídica probada.
México, vecino directo del caos, absorbe las ondas de choque. Tras el ataque cinético letal del 28, la Marina rescató al sobreviviente —un guatemalteco de 28 años, según filtraciones—, pero Sheinbaum lo usó en su mañanera del 30 para clamar por "respeto bilateral".
Internamente en EE.UU., las grietas crecen. Rand Paul, en Fox News el 29, afirmo: “Esto viola la Cuarta Enmienda". El costo ético: familias latinoamericanas lloran a sus familiares asesinados sin cierre, mientras el fentanilo —verdadero verdugo en EE.UU.— sigue fluyendo intacto.
Con 61 muertos y cero toneladas de droga recuperada públicamente, esta campaña revela un dilema profundo: ¿prioriza la seguridad o el espectáculo? ¿Cuánto más antes de que un misil errante cruce una línea roja?
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Fuentes Bibliográficas