EL PAÍS QUE MATÓ A MI PERRO

Natalia Guevara 

Artista y gestora Cultural

Colectivo El Mapa No Es El Territorio

natha1978@hotmail.com

 

En un país donde los perros viven amarrados, donde los envenenan porque caminan, porque existen, en un país en donde a los animales se les trata como objetos y se utilizan para peleas y espectáculos de borrachos, en un país en donde los ríos se ensucian, se vende el agua, se destruyen ecosistemas, cualquier cosa puede pasar pues ese país no es civilizado y va más en pro de su destrucción que en vías de reconstrucción. 

 

Colombia, o mejor los Colombianos, conformamos un País violento por naturaleza, Colombia es infame, es egoísta, es mezquina con sus habitantes, y eso lo refleja en la manera en que se comporta con su entorno, no hay ley, no hay reglas, no hay justicia. 

 

Hace unos meses denuncié un matadero ilegal en un pueblo de Cundinamarca donde vivo, y claro, como estamos en Colombia y no en Suiza, no les gustó mi denuncia y uno de mis perros fue vilmente asesinado a cuchillo, así como matan a las vacas en el matadero... la ley de la venganza, sello original Colombiano, sin dolor ni ética.

 

Es entonces que imaginarse un País en donde sus habitantes son sensibles y humanos, parece ser lo más extraño de pensar. En un país con 50 millones de habitantes, es ridículo ver qué se elige un presidente con menos de la mitad de sus habitantes, por eso se debería decir que Colombia NO tiene Presidente o por lo menos, siendo honestos, el País no lo reconoce en su totalidad.

 

¿Pero así es la Democracia?

Este porcentaje de colombianos que nunca serán la mayoría, decidieron dar su apoyo a la violencia, a la desigualdad, a la lucha de poderes, a la venta de los recursos, a la impunidad, al olvido, a la inconsciencia, al “usted no sabe quién soy yo”, al toreo, a la matanza, a la feria, al “Colombia es pasión”, es extenuante ver que pasan los años y seguimos viendo a los mismos detrás de todo este caos: Pastranas, Gavirias, Galanes, Santos, Uribes, Ordóñez, y el pueblo, nosotros como esclavos útiles manteniéndolos en el poder.

 

El futuro del País no existe, existe un pasado y un presente que no debería repetirse, el conflicto armado en Colombia ha dejado miles de muertos, millones de desaparecidos y peor aún muchas grietas y heridas en los núcleos familiares y en la sociedad, Colombia está construida sobre dos grandes cimientos: el Dolor y la Venganza, hemos criado a nuestros hijos en la historia de la muerte que se lleva al que piense diferente, hemos visto como arrasan con la naturaleza en la búsqueda del progreso o del negocio de turno, hemos vivido bajo el temor de ser explotados por una bomba en un centro comercial, de igual manera hemos vivido atormentados de ser asesinados por alguien en una moto, o de ser desaparecidos por pensar diferente, hemos tenido que salir del país en búsqueda de mejores opciones económicas, así mismo hemos tenido que presenciar masacres, asesinatos de niños, desapariciones de todo un movimiento político, de humoristas, líderes políticos y aún así queremos seguir viviendo en lo mismo que ha tenido por siglos en la Horrible noche a la bella Colombia.

 

Este País no ha aprendido que en tiempos de guerra no existe seguridad, no hay democracia, no hay protección para nadie, y lo que nos depara es estar en guerra continua, porque si no hay justicia social, si no existen oportunidades para todos, nadie va a estar en Paz.

 

Parte de la reconstrucción de un pueblo está en sanar sus heridas, pero tal parece que al Presidente elegido y la clase política que lo acompaña poco o nada le interesan las heridas por qué no son suyas, no las siente, no las ha vivido, el dirigente electo entonces solo repite discursos aburridos como si estuviera en un salón de clase repasando la lección que le enseño El Profe Uribe.

 

En Colombia no va a cambiar nada

 

El País que mató a mi perro no ha cambiado por qué un porcentaje de su población goza con la impunidad y vive de ella, el país que mató a mi perro es un país hipócrita, facho, paraco, policivo, mentiroso, manipulable, vendido, Colombia no quiere ir hacia algo diferente, pacifico, conciliador, amoroso, positivo por qué es el País de callar y comer del muerto, el país que mató a mi perro juega con la justicia y paga por su silencio.

 

Aún así dentro de este panorama macabro, existe una parte de la población que creen firmemente en la Paz, en el perdón, en la reconciliación, en la justicia y gracias a ellos la lucha por más de 50 años por una Colombia mejor no ha sido en vano, gracias a ellos aún se puede creer que se puede vivir en un país que proteja a sus habitantes, a sus ecosistemas, a sus animales, son la piedra en el zapato que no va a dejar caminar tranquilamente a esa generación de mercachifles de vida y poder, gracias a estos habitantes, es que aún confío y creo que una Colombia Humana, honesta y sensible existe, y va más allá de una campaña política o de un Gustavo Petro, es una gran fuerza social que a diferencia de esos 10 millones, si quiere un país diferente en donde aún se puedan criar a los hijos y se pueda pensar y sentir libremente, un País donde no se asesine a nadie y sobre todo se viva sin MIEDO, un País justo, honorable, humano, un País que no deba nombrarlo como el País que mató a mi perro, es ése el País que debiéramos tener; "sueño entonces que el espíritu de mi perro corra por estos campos libremente sin el temor de los fantasmas de la violencia humana y de la guerra".