Mónica Franco

"Las mujeres en la arquitectura colombiana"

por Darío Sánchez-Carballo

Abril, 2026

 

 

Uno de los hechos fundamentales a la hora de proyectar una idea en la oficina de Mónica Franco es la incuestionable experiencia de que, tanto en su estudio de arquitectos como en la obra misma, se percibe un ambiente de trabajo donde las mujeres tienen un papel protagonista. Esta cuestión se manifiesta en la dirección de equipos, en la toma de decisiones técnicas, en la coordinación de obra y en la manera en que se discuten los procesos constructivos. Hay método, hay rigurosidad, pero también hay escucha. Así mismo en la capacidad de organizar y estructurar una forma de entrenar a mujeres cabezas de familia en labores que han sido de competencia masculina en el ámbito de la construcción. Es esto destacable, porque este estudio de arquitectura, no sólo reconoce el valor del trabajo de la mujer en sus diversos ámbitos, sino que es un espacio que, de alguna manera, capacita a mujeres en cuestiones técnicas dentro de la obra.

 

 

Existe un trabajo que no siempre se observa en la planimetría, o en los bocetos iniciales que luego se vuelven una imagen renderizada y casi fotográfica de la posterior obra: la manera de pensar que entrelaza la intuición y el método; la firmeza y el cuidado. Es allí donde la labor de la mujer en la arquitectura no se impone con disonancia, sino que se plasma con suma precisión, como la luz que entra a través de las ventanas en un atardecer cualquiera, transformando el recinto sin alterar su forma inicial.

 

Por ello, antes de que exista la forma de la casa, en la mente de esta arquitecta surge un concepto poético, una idea de diseño del espacio anterior a la forma. La materialidad, en el caso de la obra de Mónica Franco, es producto de la creación de lo intangible —del espacio como experiencia— y no al revés. Desde una perspectiva técnica, esto implica un proceso proyectual que parte de variables como la luz natural, la ventilación cruzada, la escala perceptiva, la relación lleno-vacío y la secuencia espacial, antes que de la mera volumetría. El detalle constructivo aparece como consecuencia de una atmósfera previamente imaginada. Así, el trabajo femenino no se limita a ocupar un lugar en la obra: redefine el modo de concebirla. Se estructura desde la manera como se escucha el alma del lugar, hasta la lectura sensible del entorno, en el cual: el sol, el viento, la lluvia, la temperatura exterior e interior, la orografía, entre otros aspectos, forman un cuerpo edilicio que va a ser contenedor del cuerpo humano, y entre ambos forman un espacio poético.

 

 

Puede parecer difícil de entender, pero es apenas lógico el hecho de tratar de explicar la experiencia espacial con las palabras. Ello resulta entorpecedor porque nuestros cuerpos atienden primero a los sentidos, siendo el de la vista el privilegiado. Para sentir el espacio hay que vivirlo, recorrerlo, habitarlo con todo el ser —que es más que un solo cuerpo—, como bien lo diría Maurice Merleau-Ponty. La arquitectura, entonces, no se limita a resolver un programa funcional; construye una fenomenología del habitar. 

 

Por ello se hizo necesario recopilar la obra arquitectónica, en lo que concierne a la vivienda, realizada por Mónica Franco en el libro, “La serenidad en la arquitectura”. Publicado después de reflexionar por qué (luego de una cantidad encomiable de proyectos llevados a cabo por el estudio de diseño MF Arquitectos), nadie había reparado en ver y reconocer esta obra en su totalidad. Valga la aclaración, que las casas que se presentan en este libro, son unas de varias que se han llevado a cabo; aparte de proyectos de otro tipo como oficinas, restaurantes y un proyecto especial de tipo histórico, que tendremos la ocasión de apreciar en los próximos tomos de esta colección dedicada a la obra de Mónica Franco. Con esto se anuncia, no solamente el inicio de una publicación sobre el oficio de esta creadora, sino el inicio de una práctica editorial cuyo tema es la arquitectura, pero alejándonos de lo meramente funcional y descriptivo del edificio, como suelen ser la mayoría de las publicaciones de este género. Esta mirada obedece definitivamente a un ojo crítico y entrenado en identificar cuando un espacio es poético, a la manera de Bachelard; cuando es un espacio sensorial, a la manera de Pallasmaa; cuando un espacio arquitectónico transciende como obra de arte y perdura en el tiempo como un poema, a la manera de John Ruskin. 

 

 

Lo anterior, nos permite decir algo más sobre la impronta de la obra de esta arquitecta y es que da gusto saber que existen creadores del espacio como ella, que más allá del sentido formal y de las modas de las revistas de arquitectura, tiene en su haber profesional, una búsqueda constante de hacer una obra de arte y en este caso, edificarla. Cualquier proyecto arquitectónico pasa por esa parte amarga donde el diseñador concibe grandes ideas, las cuales, muchas veces se minimizan frente al paradigma de que “no se puede hacer” o “así no se debe” o al gusto no tan estético de algunos clientes. Esto, para decir que aparte de lo ya dicho sobre la impronta de esta arquitecta, ella logra defender sus postulados a la hora de enfrentar los debates propios que surgen entre el arquitecto diseñador y el cliente, hasta los profesionales encargados de las construcciones. Significa que hay una profunda convicción ética de lo que se hace y cómo se propone, para que al final, lo que se ha diseñado desde la mesa de dibujo o en un software determinado, sea lo que llega a la realidad. Es, en este caso, la obstinación y el creer que aquello que está en la mente del creador vale la pena defenderlo, y ello se observa en el resultado, en las viviendas que se alzan en el paisaje y de las cuales, gracias a este libro, tenemos noticia. 

 

En este punto, el trabajo de Mónica Franco dialoga con una tradición internacional de arquitectas que han ampliado el campo disciplinar. “La arquitectura no es solo un asunto de técnica; es un acto social”, afirmaba Zaha Hadid, recordándonos que cada decisión formal implica una postura frente al mundo. Hadid insistía en la necesidad de arriesgar, de no aceptar límites preestablecidos. Esa valentía formal, llevada al contexto colombiano, adquiere otra escala: aquí el riesgo no es únicamente plástico, sino cultural y profesional.

 

 

Asimismo, la arquitecta japonesa Kazuyo Sejima, ha señalado que “la arquitectura es crear relaciones”, subrayando que el proyecto no se agota en el objeto, sino que articula vínculos entre personas, paisajes y usos. En la obra de Mónica Franco esta idea se traduce en plantas abiertas que favorecen la continuidad visual, en transiciones graduales entre interior y exterior, en patios que organizan el microclima y en circulaciones que no imponen, sino que sugieren recorridos.

 

En el marco del mes de la Mujer en Colombia, estas reflexiones adquieren un significado particular. No en vano, la artista plástica Louise Bourgeois afirmaba: “El arte es una garantía de cordura”. Si llevamos tal sentencia a la arquitectura, podríamos decir que el espacio bien concebido es una garantía de equilibrio. Un espacio que respira, que deja entrar la luz en el momento preciso del día, que cuida la proporción y la textura. Sobre todo, que tiene fuertes vínculos con sus contextos culturales. Todo ello va a incidir en la psique de quien lo habita. La arquitectura ha sido históricamente un territorio masculinizado, especialmente en el ámbito de la obra y la dirección técnica. Sin embargo, oficinas como la de Mónica Franco evidencian un cambio estructural. El liderazgo femenino en la coordinación interdisciplinar, la participación activa en decisiones estructurales y presupuestales, y una mirada que integra sostenibilidad, eficiencia energética y calidad espacial sin sacrificar sensibilidad, logran conceptos arquitectónicos llevados a la realidad. La obra de Mónica Franco demuestra que el rigor estructural puede convivir con la intuición poética, que el cálculo puede dialogar con la emoción, y que proyectar no es únicamente resolver un plano, sino imaginar —con responsabilidad y belleza— nuevas formas de habitar el mundo.

 

Comentarios: 0