MARY MARTÍN

Mary Martín, escritora española nacida en Almería, comparte con nosotros los tres primeros capítulos de su último libro “TRAICIÓN - UN VIAJE INESPERADO”, de esta manera quienes estén interesados podrán contactar directamente con la autora para adquirir el ejemplar completo en

marymartinoficial@hotmail.com

 

 

 

TRAICIÓN - UN VIAJE INESPERADO

 

 

I


Un Lugar En El Mundo

 

No suelo pensar muy a menudo en aquel lapso de tiempo, a no ser que me encuentre paseando por la orilla del mar, en una cálida mañana de verano. En aquella época yo era una joven inocente llena de sueños, ilusiones y metas. Lo recuerdo como si todo aquello hubiese ocurrido ayer, pero de ello ya hace cincuenta años.
En esas cálidas mañanas, cuando la mayoría de la población duerme, le permito al alba que sepa que aún sigo con fuerzas. Luchando día a día para continuar mí camino.
Este relato empieza el día que me marché del orfanato, dieciocho años después del momento de mi nacimiento. (...)
Todo lo que necesitaba estaba en mi maleta, saqué el chaquetón y me lo puse antes de salir al aire libre. Desde luego, hacía frío, pero las vistas desde popa eran exquisitas: la inmensidad del mar, el vapulear de las olas contra el armazón del barco, la frigidez del viento acariciando mi cara.
Seguramente, sentada frente a una ventana estaría más resguardada, pero a su vez, le arrebataría parte del encanto. A lo lejos se escuchaba la televisión de la sala, la gente emocionada cantaba las canciones del VI Festival de Eurovisión. Todos estaban con las esperanzas puestas en Conchita Bautista.
—¡Todo a babor, arriad las velas! —gritaba el capitán, con una mezcla de angustia y desesperación.
Ansiedad, descontrol, agobio, incertidumbre, malestar, miedo... Todo esto y mucho más se respiraba en el ambiente. Me sentía bastante asustada, pues la gente no estaba guardando la compostura. Refugiarme en una zona poco transitada tampoco era de mucha utilidad.
—Por favor, mantengan la calma, no se empujen unos a otros —vociferaba uno de los trabajadores.
Con mucha paciencia y organización, los empleados intentaban subir a la gente a los botes salvavidas. La incertidumbre consiguió apoderarse de algunos pasajeros, que presos por el pánico no guardaban el orden impuesto por los jornaleros, querían ser los primeros en salir y para conseguir su objetivo, golpeaban a todo el que encontraban a su paso.
No pude evitar angustiarme, sentía cómo la impotencia, el temor y el desasosiego se iban apoderando de mí. La situación empeoraba por momentos, creando un ambiente de pánico y tensión, inquietud constante, inseguro... Poco a poco empecé a abandonarme en mis pensamientos, me atrapaban y me perdía en un profundo e intenso abismo de inseguridad y angustia.
Comencé a recordar los años en el orfanato y la soledad empezó a inundar mi corazón, sentía que me ahogaba, no podía respirar. La necesidad de correr se apoderó de mí, necesitaba alejarme de la tripulación. Sin que nadie se diese cuenta, regresé a mi camarote, en los bolsillos de mi chaquetón guardé el dinero y la documentación.
Respecto al resto de mis cosas, no me quedó más remedio que abandonarlas. Me apresuré a salir. Una vez en cubierta vi que solamente quedábamos el personal y yo. El capitán al verme, se quedó pálido, me regañó y, junto con parte de la tripulación, subí en un bote. Mientras que él y su plantilla echaron un último vistazo para asegurarse de que no quedaba nadie más.
Mientras la pequeña embarcación navegaba rumbo a la costa, eché un último vistazo atrás, desde luego las vistas que unas horas antes me parecían exquisitas, en ese momento las sentí escalofriantes. Ver como el azote de las olas va hundiendo un barco tan inmenso no resulta nada grato.
Cuando por fin llegamos a tierra firme, sentí un gran alivio, pero estaba tan nerviosa que las piernas me fallaron y me desplomé contra el suelo. Esperaba que alguien, al verme caer, se acercase a mí, pero ni siquiera me miraron.
Con las pocas fuerzas que aún albergaba mi cuerpo, me senté y me descalcé. La sensación que me provoca la arena al colarse por todos los resquicios, me resultaba realmente molesta, así que no tardé en limpiarme lo mejor que pude, y volví a calzarme. Mi ropa mojada y mis pertenencias estaban dentro de un barco hundido en el mar.
Caminé durante horas en busca de una tienda para poderme cambiar y así evitar un constipado. Después de un largo rato andando, entré en una tienda de aspecto humilde y sencillo, en la cual me atendió una señorita un tanto desagradable. Ella me gritaba y me zarandeaba de un lado para otro, hasta que me sacó de la tienda.
Un anuncio sobre la ventana de una pequeña cafetería, hizo que me parara a pensar. Tras unos segundos debatiendo conmigo misma, entré decidida a preguntar por el puesto de trabajo.
El local no era muy luminoso, la tapicería de los taburetes estaba algo raída y había cuatro mesas cuadradas con dos sillas por mesa. No vi ni un solo cliente, por lo que no entendía la necesidad de contratar a más personal. Una señora salió de lo que parecía ser la cocina y me miró de arriba abajo estudiando mi aspecto.
—Disculpe, señorita, hoy no abrimos hasta el mediodía, estamos algo escasos de personal y no podemos atender antes a los clientes.
Un tanto apurada por la cantidad de trabajo que tenía por realizar, se dio la vuelta para dirigirse a la cocina.
—Entré porque estoy interesada en el puesto de trabajo —dije a sus espaldas de forma apresurada.
Durante largo rato estuvimos hablando, la entrevista me resultó algo pesada, pero finalmente obtuve lo que quería. Además, la señora me aconsejó una posada cercana con buenos precios donde poder quedarme a dormir.
La posada que me había recomendado Livi era un lugar lleno de polvo, donde la pintura se caía de las paredes; aunque la recepción era bastante amplia y luminosa, su recepcionista me resultó muy agradable.
No tenía mucho dinero, pero como los precios eran tan bajos, pude pagar tres meses por adelantado. Una vez me cobró y me dio mi recibo, me pidió que la siguiese para indicarme el que iba a ser mi cuarto.
Sin lugar a dudas ese hostal estaba ruinoso y necesitaba un buen arreglo. Una vez habíamos arreglado todo, la señora me guió por un largo pasillo que se encontraba peor que la recepción. El pasillo era estrecho, la iluminación era escasa, la ventilación nula y la decoración inexistente. Se paró delante de una puerta, la abrió y tras darme la llave, agradecí su hospitalidad y me dispuse a investigar el dormitorio.
La habitación era acogedora, a pesar de encontrarse sucia y en malas condiciones. Nada más entrar, a mano izquierda se encontraba el baño, a la derecha había un armario, también vi la cama y enfrente una pared de madera, a cuyo lado se encontraba una estantería donde descansaba una televisión. Justo donde se encontraba la caja tonta, vi ranuras en suelo y techo como para deslizar algo, así que no tardé en empujar la pared de madera, descubriendo tras la pared una pequeña cocina eléctrica.
En cuestión de media hora llamaron a la puerta. Al abrir vi a una chica joven cargada de ropa, apoyada en un carro, esperando mi salida de la habitación.
—Hola, soy Lucía, encargada de mantenimiento. La jefa me ha dicho que esta habitación está ocupada, así que aquí estoy con la cesta de bienvenida. — Sin decir nada, me quedé pensando en la cesta de Bienvenida de la que me hablaba. ¡No la veía!
—Bueno, bueno, veo que no tienes mucho sentido del humor. No pasa nada, pero agradecería que me permitieras pasar a la habitación, esto pesa. —Comentó la chica un poco más sería.
Me aparté de la puerta y le hice un gesto para que entrara. Después, la cerré.
—Discúlpeme por mi grosería, no esperaba ninguna visita, estoy mojada y muy cansada.
—Tranquila, no tiene importancia. Bueno, a lo que venía. Livi te manda este uniforme. La jefa te manda unos útiles de limpieza, toallas, albornoz, sábanas y mantas. Más tarde te traeré unos edredones, todavía no están secos.
—Gracias, ¿sabe dónde puedo lavar la ropa?
—En el sótano tenemos una lavandería, puedes usarla siempre que lo necesites. — Lucía se marchó rápidamente de la habitación.
Limpié, me bañé y descansé durante largo rato. Con la ropa ya seca y las pilas cargadas, me dispuse a buscar a Lucía lista para conocer un poco mejor el lugar.

 

 

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