Librería La Nube Sólida, calle 45 # 25 A - 66, Bogotá
Librería La Nube Sólida, calle 45 # 25 A - 66, Bogotá

 

Libros, librerías y libreros

Por Rocío Gutiérrez Gómez

Enero, 2026

 

 

Algunos estudiosos de la historia cultural, como Peter Burke en su libro Venecia y Amsterdam. Estudios sobre las élites del siglo XVII, ubican el nacimiento de la edición y publicación de libros como industria, en un momento en que las élites de Ámsterdam propiciaron un cambio ligado a las nuevas formas del capitalismo, al mecenazgo de los escritores de literatura y por una nueva mirada de la educación y de la política. El libro en el siglo XVII va a ganar un estatus y un lugar particular como objeto de difusión del conocimiento y parte de una industria fuerte. Liberado ya del encierro de las abadías o del poder de las grandes familias, el libro generó nuevos procesos de conocimiento y de debate.  

 

En América, el libro durante muchos siglos estuvo bajo la hegemonía de la iglesia, ya que el control en su publicación limitó la lectura a los impresos religiosos.  Con los procesos de independencia, la libertad de imprenta que pregonaron Bolívar y Santander no hizo que en el país los libros tuvieran una difusión abierta para los lectores. Solo hasta el siglo XX, la denominada República liberal, va a implementar una política de difusión de los libros en un proyecto que se denominó Las bibliotecas aldeanas. Esta historia lo podemos encontrar en un libro de Renán Silva que tituló la Republica liberal, intelectuales y cultura popular

 

Las librerías y con ellas los libreros se van a convertir en los personajes centrales de la difusión de las obras y de los escritores en Bogotá, alrededor de mediados del siglo XX. El centro de la ciudad fue el espacio que albergó la mayor parte de las librerías y de otros lugares alternos a ellas. Las librerías de obras importadas y algunas impresas en el país, fueron sitios de encuentro y debate de intelectuales, académicos y en general de público interesado por lecturas que dinamizaran la vida en la ciudad.

 

Dos de los más famosos libreros en Bogotá, provenían de la Europa de la posguerra y fungieron también como impresores y promotores de la cultura europea. Vale recordar que el oficio de librero es tan antiguo como el libro mismo y va ligado a escribas, impresores, encuadernadores, editores, comerciantes. Hoy, detrás de un libro hay una diversidad de personas que realizan múltiples actividades, como los autores, los impresores, los diseñadores, promotores de lectura y los transportistas, entre otros, que permiten que estos objetos de la cultura lleguen a las manos de los lectores.

 

A los vendedores de libros que tienen como cualidad un conocimiento amplio de lo que tiene el local de libros, se suman los vendedores ambulantes que distribuyen de una manera popular y en formatos muy diversos, los libros que llegan a sus manos. En nuestro contexto podemos encontrar en la calle una multitud de aquellas obras que denominamos piratas. 

 

En Bogotá existió una zona, en la década de los años 70, sobre la calle 19, que albergó impresores, libreros, vendedores de discos, revistas, catálogos y toda una suerte de objetos de la cultura. Muchos de los títulos que se comercializaban allí eran piratas. Recorrían el lugar una multitud de estudiantes de la ciudad, melómanos, y todo un grupo de personas que manifestaban entre los libros las contradicciones y luchas políticas e ideológicas que han caracterizado la historia del país. Ello demuestra que, al redor de las ventas de libros, se convoca a los lectores, coleccionistas, profesionales de diversos oficios que buscan las obras que son de su interés y articulan comunidades de lectores que debaten sobre sus temas. 

 

Las preguntas y las tensiones frente a los libros y sus autores pueden ser distintas si el librero ejerce su oficio en una librería de libros leídos o antiguos, de si es un librero de libros nuevos. Las búsquedas son diferentes, pero siempre responden a las preguntas de los lectores. Las librerías así se convierten en lugares de encuentro, discusión o intercambio. 

 

Caminar es una de las actividades físicas que más realizan los libreros de viejo. Al recorrer las calles en la búsqueda de los libros de interés, los que denominamos clásicos o algunos encargos, el librero traza los mapas para el encuentro de las obras en sus temas y problemas. Las actividades de carácter virtual y las relaciones establecidas en redes en la actualidad ayudan en esas búsquedas. Así, los vínculos que establecen los libreros con las demás personas de su gremio se caracterizan por la confianza y el cuidado con la promesa y la palabra. Esto porque hablamos de intercambios de ediciones especiales, raras, escasas o porque en un momento de coyuntura se requiere de urgencia un libro que no se encuentra de manera inmediata. 

 

Algunos de los libreros son también grandes lectores y coleccionistas. Para el coleccionista, el libro no es solo un objeto de conocimiento, es también un principio de clasificación, la sorpresa y emoción del libro raro, la traducción especial o un muy bello objeto. Hoy que muchos libros se consiguen en formato electrónico, las ediciones impresas se vuelven únicas por el nivel de elaboración, diagramación y muy especiales si van acompañadas de imágenes. Es indiscutible en este sentido la permanencia del papel y la experiencia con los sentidos que este propicia. Los libreros promueven y median frente a estas experiencias y confirman que al redor de los libros se construyen experiencias del conocimiento, pero también manifiestan amor por una actividad que es más de devoción, que de interés económico.