Lemniscata o el fin del infinito

Por Carlos Arturo Arbeláez Cano

Marzo, 2026

 Poemario

El Arcano Editores

Bogotá, 2025

ISBN: 1234567890128

 

 

Polisemia, ambigüedad, dualidad; más que la apariencia, más que la semiología o la epistemología de lo que es unicidad o excepcionalidad, la bondad o la maldad, el dios o el monstruo, comparten una misma conciencia: la de estar convencidos de que su acción no es más que la consecuencia de una circunstancia. Esta sería la confirmación palmaria de una humanidad convertida en Dios o Demonio, o simple creadora de su propia tragedia y su propio goce. Y la poesía está ahí para desencriptar el alma que habita en cada circunstancia. Cada ocurrencia es el sustrato que nutre el oficio poético, más que inspirando, sublevando, revolcando las emociones en acto de rebeldía e insumisión para hacer converger el signo y la grafía en el acto poético. Decía Prosper Merimee: “…mi oficio: escuchar al mundo, soy escritor”. En estos poemas el autor invita a la interpretación del acontecer de lo cotidiano y, particularmente, de este momento histórico del mundo, que se expone con total desparpajo y profusa difusión a través de los hervores de la web. 

 

 

Mi Paisaje

Disculpad, guerras lejanas,

las flores que hay en mi casa.

Wislawa Szymborska

 

Alguien puso una luna en mi balcón esta noche;

la pusieron a cuidar el intenso titilar de las estrellas;

ellas sacuden el sueño de mis ojos.

 

Abiertos, se quedan explorando

el retumbar de gritos y sollozos

que huyen de la conflagración.

 

¿Dónde estarán los secuaces de quienes jalan los gatillos?

 

Esta noche las nubes olvidaron su trabajo

y la luna se duplicó en la superficie del estanque

para que mi asombro se quedara afligido

mirando el obelisco que uniera esas dos lunas

entre el cielo y la tierra,

entre el hechizo y la crueldad de mi paisaje.

 

 

Gaza Genocidio

 

Gana el pecado.

Viene del inframundo

a triscar huesos.

 

Allá se instala

a regar su veneno,

el infierno es su casa

 

Zarpa su vela

de napalm inclemente

quemando vida

 

Ariel caído

oscura polisemia

ruta mezquina.

 

Gaza ahogada

círculo de tragedias

tiempo inclemente

 

Encierro cruento

milenios de exterminio

¿Quién sobrevive?

 

 

 

Desvelo en el campo de batalla

 

Al alba…

cuando llueve,

el alba se arrebuja en su propio desvelo.

 

Me abrigo en el regazo de las cenizas,

de la neblina, único parapeto en la contienda.

 

Las sombras se me acercan

para ocultar el estremecimiento

del miedo y de la ráfaga:

¿Cuál de ellas se declara victoriosa en la tragedia?

 

Los fantasmas huyen hacia ninguna parte.

Se someten al misterio de los susurros

que crecen desde la madrugada,

apenas el chirrido de los tanques

que husmean.

 

La mañana, bajo el peso del alba,

también amanecía entre el desasosiego

de una espiral de angustiados respiros.

 

El aliento azulino saliendo de las bocas:

líneas evanescentes gravitando,

los hilos desprendidos del pucho

errando de mano en mano,

horneando ese frío pronóstico de la parca

en su tránsito por el largo camino del desvelo.

 

 

Nocturno I

 

Luna de azogue,

y aún los gallinazos enlutados,

husmean lo poco que quedó

del exterminio.

 

 

Mercenario

 

Un francotirador

apunta con un ojo de lince,

el otro ojo, ciego,

no calcula ni piensa

en el trofeo…

o en la tragedia.

 

 

Vida

 

Diminutas corolas esparcidas

tapizan la sombra del árbol centenario.

El rigor de la ventisca

ha penetrado el dosel

para consagrarlo.

 

El árbol hace alianza

con la tierra mojada

para fraguar el trance

de otro germen de vida.

 

 

Noctámbulo

 

Tengo un problema con mi almohada:

me despoja los sueños.

 

Oculta entre la noche ella reposa

pegada a mi extravío

y se apropia de mi desvelo.

 

La noche es de ella,

sus mullidas caricias

disponen de mis pasos

y me conducen a sus trampas.

 

Ahí me presta su amparo

donde el sueño me vence 

y comienza mi oficio

de noctámbulo.

 

 

Noctámbulo

 

Tengo un problema con mi almohada:

me despoja los sueños.

Oculta entre la noche ella reposa

pegada a mi extravío

y se apropia de mi desvelo.

La noche es de ella,

sus mullidas caricias

disponen de mis pasos

y me conducen a sus trampas.

Ahí me presta su amparo

donde el sueño me vence 

y comienza mi oficio

de noctámbulo.

 

 

Hegemón

 

He visto un cuervo enlutando los cielos,

ciñendo el alma.

 

Esquivo el gesto, aleve la mirada,

despreciativa.

 

Grotesco el rictus, cargado de soberbia,

abate el viento.

 

Enceguecido, en sus ojos habitan,

glaucas miradas.

 

Mueca grotesca, acciones tenebrosas

son su propuesta

 

Otra la vida, oscuras intenciones

están previstas.

 

No tienes nido, regresa a tus cavernas

no tienes PATRIA.

 

 

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