El Águila contra el Dragón

Jaime O. López de Mesa C.*

jaimelopezdemesa@gmail.com 

Julio, 2018 

 

 

Durante la campaña electoral pasada en Estados Unidos el entonces candidato Donald Trump, en el marco de su populismo de derechas, aseguró que de llegar a ser presidente impondría aranceles y sanciones comerciales a China para recuperar el aparato productivo estadounidense, en virtud de “las injusticias” cometidas contra Estados Unidos en los acuerdos comerciales y en el intercambio con el gigante chino.

 

Y como el señor Trump sigue como si estuviera en campaña electoral, comportamiento típico de los populismos pues requieren de un proceso continuo de legitimación ante su electorado ya que esa es la única sustentación de muchas de sus políticas, ahora está cumpliendo sus promesas sin importar las consecuencias.

 

Con el argumento de que "Ahora tenemos un déficit comercial de 500,000 millones anuales, con Robo de Propiedad Intelectual por otros 300,000 millones. ¡No podemos permitir que esto continúe!" según publicó en su cuenta de Twitter, inició el camino hacia una guerra comercial. 

 

En efecto, el presidente en funciones dio los primeros pasos en abril de 2017 cuando le ordenó al departamento de comercio que investigara si las importaciones de acero provenientes de China y otros países atentaban contra la seguridad nacional. En agosto del mismo año dio orden de una segunda investigación específicamente contra China y le solicitó al representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, que investigara sobre las prácticas comerciales desleales del gigante asiático, en particular sobre el robo de propiedad intelectual, que según presunciones de presidente Trump, habían constituido un método común del país del dragón.

 

Esta segunda “investigación” dio por resultado que a los Estados Unidos los chinos le están “robando” por concepto de derechos de propiedad intelectual "entre 225,000 y 600,000 millones de dólares" al año.

 

En ese momento aparecen las primeras reacciones del gobierno chino anunciando que, además de ser falsas, dichas acusaciones “envenenarán” las relaciones bilaterales entre las dos economías más grandes del mundo, reprobando el “unilateralismo y proteccionismo” estadounidense.

 

A pesar de estas primeras escaramuzas verbales, sólo se tomaron medidas concretas a partir del 19 de enero del presente año cuando la Casa Blanca anunció que la imposición de aranceles a los paneles solares importados de China hasta por un 35%, adicionales a los aranceles que ya les había impuesto el presidente Obama, al igual que a las lavadoras domésticas grandes provenientes de aquel país. 

 

Aquí aparece uno de los efectos que como un boomerang rebotan sobre el país del águila, pues como lo han señalado diversos analistas, potencialmente en el largo plazo perderán más los Estados Unidos que la propia China, ya que “los aranceles propuestos son un ataque directo contra los trabajadores estadounidenses y la floreciente industria solar en este país”, dijo David Bywater, presidente ejecutivo de la firma de energía renovable Vivint Solar citado por Expansión. Eso por no hablar del mercado de iPhones de China, sin el cual la empresa productora del mismo no sobreviviría.

 

Pero también otros países considerados aliados de Estados Unidos como Corea del Sur, México, Canadá y la Unión Europea, han sido golpeados por estas decisiones y se han visto obligados a tomar decisiones en consecuencia.

 

El 9 de marzo el presidente Trump gravó con aranceles las importaciones chinas de acero con un 25% y al aluminio con un 10%. Decisiones que constituyeron un punto de inflexión en el larvado proceso de guerra comercial. El país del dragón consideró dichas decisiones, “un ataque grave” al comercio internacional y al inicio de abril puso en curso aranceles del 15% a las importaciones a 120 productos estadounidenses por aproximadamente 3000 millones de dólares, y de 25% al aluminio reciclado y a la carne de cerdo.

 

Como la guerra apenas empieza, Estados Unidos replicó el 3 de abril con nuevas decisiones en impositivas del 25% en los sectores aeroespacial, maquinaria y médico. Y como anunció China desde un principio, a cada decisión estadounidense replicará en igualdad de condiciones, así que el 4 de abril, impuso nuevas sanciones arancelarias por montos similares a los gravámenes de Estados Unidos incluyendo automóviles, soya y productos químicos, apuntando a sectores altamente sensibles dentro del electorado de los Estados Unidos, que, en efecto, han reaccionado contra las políticas del presidente que ellos eligieron.

 

Los resultados empiezan a reflejar esta guerra comercial, las acciones de empresas chinas y estadounidenses han visto como sus resultados en las bolsas de valores han caído. A pesar de lo que dicen diversos analistas y en particular el presidente Trump, estamos ante una guerra comercial.

 

Pero ¿por qué el presidente Trump insiste en este camino si sus propios asesores le advierten de las consecuencias negativas para su país? Las respuestas pueden ser variadas y seguramente cada una de ellas tiene algo de razón, pero en esencia se trata de una visión nacionalista que ahora se traslada a la arena internacional bajo el slogan de la campaña populista de “Make America Great Again”.

 

Pero detrás de esta perspectiva existen diversas causas de fondo. Por ejemplo, el ascenso del gigante asiático ha sido una preocupación constante en el establecimiento norteamericano desde la década de los 90, embarcados en buscar diversas formas para frenar su crecimiento, hasta ahora fallidas, incluyendo la inserción de China, con el respaldo de Estados Unidos, en la Organización Mundial del Comercio, para obligarla cumplir ciertas normas y estándares internacionales, así como acuerdos de propiedad intelectual. No obstante esta estrategia no dio resultado y por el contrario beneficio a China pues le abrió espacios comerciales que no poseía.

 

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la pérdida de hegemonía estadounidense en diversos campos más allá de su indiscutible poderío militar fundamentado en sus avances tecnológicos. Los desconocimientos continuos de los derechos humanos tanto al interior de su país como allende sus fronteras, el creciente racismo, la división que polariza crecientemente a la sociedad norteamericana, la pérdida de fuerza de la llamada “cultura americana”, la progresiva pérdida de credibilidad por su incumplimiento ante diversos organismos internacionales y el retiro de algunos de ellos porque ya no ajustan a su medida, son algunos de los factores a tener en cuenta para explicar la actual situación.

 

Las guerras comerciales no son nuevas, a pesar de que no tienen un estatus académico dentro del campo de la economía o la ciencia política, constituyen un referente histórico desde tiempos inmemoriales, las guerras anglo-holandesas, las guerras de conquista españolas, portuguesas e inglesas, las infames dos guerras del opio impuestas por Inglaterra al pueblo chino, la ruta de la seda, son ejemplos históricos fehacientes de los cuales parece que no se ha tomado nota y no se han aprendido las lecciones, pues en todos y cada uno de estos casos siempre han perdido aquellos seres humanos que solo tienen su fuerza de trabajo para sobrevivir, aquellos que son los que producen con su esfuerzo. Los empresarios apoltronados en el poder económico y político, en un principio se benefician, pero siempre, a la larga, resultaron señalados por la historia y perdieron toda legitimidad, credibilidad y autoridad moral.

 

En estos tiempos parece ser que la nueva propuesta china de recuperar y ampliar la vieja ruta de la seda instituyó un elemento de quiebre en el proceso político norteamericano para obstaculizar el desarrollo chino.

 

Sin embargo, los tiempos han cambiado y el otrora poderío hegemónico en la arena económica por parte de los Estados Unidos está muy debilitado. No debemos olvidar que China es el poseedor de gran parte de la deuda estadounidense, que las decisiones del presidente Trump han afectado a muchos de sus socios que han tomado represalias en el mismo sentido y que, en última instancia, es el pueblo norteamericano el qué está sintiendo los embates de dicha política.

 

Política que no es independiente de otras medidas a nivel internacional, como la estigmatización de Rusia, las tácticas de una balcanización generalizada en el Medio Oriente, por el afán de recuperar imagen ante las derrotas recibidas por la estrategia rusa en Siria. 

 

Parecen coletazos de un monstruo que cae, caída que siempre es peligrosa para los que están abajo.

 

__________________________

 

* Economista, Magíster en Economía, Magíster en Ciencia Política, Candidato a doctor. Profesor de la Universidad Militar Nueva Granada, Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad.

 



EL GAS NATURAL TRAS LA INTERMINABLE CRISIS SIRIA

Jaime O. López de Mesa C.*

jaimelopezdemesa@gmail.com 

Mayo - Junio, 2018 

 

Cada semana llegan noticias de la guerra en Siria y con cada una de ellas pareciera que se está llegando al fondo del abismo y así, semana tras semana, la situación es cada vez más crítica de lo que se pudiera haber calculado hace unos años cuando inició esta nueva etapa del martirio al pueblo sirio.

 

Por su ubicación estratégica, con salida al mar Mediterráneo al este y colindando con Irak al oeste, Turquía al norte, Líbano al este y Jordania al sur y al sureste, el territorio sirio siempre ha sido objeto de frecuentes invasiones por parte de diversos imperios, desde los egipcios hasta el imperio turco otomano, pasando por el imperio persa, entre otros.

 

Más allá de la dura realidad de una lucha religiosa que enfrenta a sunníes -la fracción mayoritaria del islam- contra chiíes -cisma dentro del islam, minoritario, pero detentadores del poder político y militar-; de la terrible dictadura de Bashar al Asad y de la lucha del pueblo sirio por un país democrático que tuvo su momento de eclosión en marzo de 2011 cuando la población se movilizó, en el marco de las (mal) denominadas primaveras árabes y fuertemente reprimida por las fuerzas de seguridad del régimen; y más allá del oportunismo de facciones musulmanas radicales, como el Frente al Nusra, ISIS y Al Qaeda, que capitalizaron la crítica situación para declarar un califato en territorio sirio, más allá de esta complicada y terrible situación, se encuentran los intereses sobre Siria como lugar estratégico para la salida de varios proyectos de gasoductos que conduzcan a territorio europeo el preciado combustible que le restaría poder de negociación a Rusia quien actualmente es el principal abastecedor de gas natural del viejo continente.

 

Y en eso radica la importancia geopolítica de Siria, que por su ubicación se constituye en el lugar ideal para la salida al mar Mediterráneo de gasoductos que atraviesan todo el Medio Oriente desde el lejano Qatar e Irán.

 

En efecto, a 3000 metros de profundidad en el Golfo Pérsico existe un campo, el mayor en el mundo de gas natural, desarrollado desde 1989 entre Qatar e Irán denominado South Pars / North Dome, con 51 billones de metros cúbicos de gas y 50,000 millones de metros cúbicos de condensados líquidos. El problema consiste en que sacar este gas al mercado europeo requiere atravesar territorio del Medio Oriente lo que ubica a Siria en el ojo del huracán. 

 

Este constituye un componente geoeconómico central para entender la actual guerra en Siria, es el mayor interés escudado tras las luchas políticas-religiosas. Sin pretender restar importancia a la confrontación entre las diferentes facciones religiosas, a la revuelta contra la dictadura y la búsqueda de un país democrático, un elemento que permite comprender el porqué de tantos intereses con fuegos cruzados en territorio sirio es el trazado de los gasoductos que se han pretendido construir y que han encontrado serios obstáculos para su desarrollo, en particular por la negativa del presidente Bashar al Asad.

 

Ya en 2001 después de los atentados del 11 de septiembre se configuró un proyecto entre los Estados Unidos, la OTAN y sus aliados del Medio Oriente cuyo objetivo era asegurar el suministro de la riqueza gasífera desde el Medio Oriente a occidente. Dicho plan implicaba varios objetivos entre los cuales se encontraban Afganistán, Irak, Libia, Somalia, Sudán e Irán. La historia ha demostrado que dicho plan se ha puesto en marcha aunque con algunos contratiempos, Irak y Afganistán fueron invadidos, Libia fue sometida a una cruenta lucha en manos de “escuadrones de la muerte”, y se ha tratado de dominar a Irán por diferentes medios, recurriendo recientemente a satanizarlo como un Estado fallido.

 

Se incluyó a Siria por su posición estratégica, pero además, por su vecindad con Líbano quien también goza de reservas gasíferas, amén de las potenciales reservas que existen en las propias costas de Siria, aún por probar.

 

Todos estos movimientos se enmarcan en el principal proyecto impulsado por Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN y sus aliados en Oriente Medio, el denominado Proyecto Nabucco, que iniciaría su trayectoria en Asia central en los alrededores del Mar Negro pasaría por Turquía, atravesaría Bulgaria, Rumanía y Hungría hasta llegar a Austria donde se bifurca hacia la República Checa, Croacia, Eslovenia e Italia.

 

Este macroproyecto diversifica las rutas de suministro de gas en Europa, que como se dijo es dependiente de Rusia.

 

Pero en 2011 Irán llegó a varios acuerdos para el transporte de su propio gas a través de Irak y Siria, convirtiendo a Siria en el principal centro de almacenamiento y reproducción vinculada simultáneamente con la reserva del Líbano, plan que desconoce las propuestas de Proyecto Nabucco, supone una posición soberana de Irán y desplazaría a Turquía como principal centro de almacenamiento y reproducción según lo planeado en el Proyecto Nabucco.

 

Siria es, entonces, la joya de la corona en esta cruenta lucha por el dominio de una región geopolítica y geoeconómicamente claves para la seguridad energética, principalmente de la vieja Europa.

 

 

Lucha que ha dejado terribles secuelas para el pueblo sirio, y aunque las cifras no son exactas y difieren según las fuentes, el Centro Sirio de Investigación en Políticas estima el número de muertos en más de 500.000; el alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, califica el éxodo de la población siria en uno de los mayores en la historia reciente del mundo, más de 5 millones de personas.

 

Los recientes bombardeos de Estados Unidos, Reino Unido y Francia a ubicaciones sirias estratégicas y los ataques con misiles por parte de Israel a posiciones iraníes dentro de Siria, son una muestra más de la difícil situación que ronda los límites del abismo hacia una confrontación escalada entre grandes potencias, involucrando países con armas nucleares. En medio de todo esto está la incapacidad de las Naciones Unidas para cumplir con su misión para preservar la paz.

 

La sociedad civil del mundo que goza de la paz y lucha por ella debería emprender un movimiento para frenar esta escalada militarista y forzar a las partes a llegar a acuerdos que acaben con el desangre de un pueblo que sólo busca la democracia y la paz para sus hijos.

 

***

 

* Economista, Magíster en economía, Magíster en ciencia política y candidato a doctor. Profesor de posgrados en la Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad de la Universidad Militar Nueva Granada. Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de su autor y no compromete a las instituciones a las que está vinculado.

 


La crisis de migrantes venezolanos a Colombia: un reto ético y de solidaridad

Por Jaime O. López de Mesa C.*

jaimelopezdemesa@gmail.com

Marzo, 2018

Colombia y Venezuela tienen una frontera común de 2219 km. Es una frontera muy porosa en la que históricamente han concurrido diversos factores culturales, políticos y económicos, que han promovido simultáneamente procesos de integración y distanciamientos mutuos. Hay que señalar que tradicionalmente ha existido una migración de doble vía en esta frontera, pero que progresivamente debido al deterioro político y social de Venezuela la llegada de venezolanos ha ido en crecimiento hasta constituirse en una verdadera crisis en los últimos meses.

 

En efecto, recientemente se ha vivido la llegada masiva de venezolanos hacia Colombia a lo largo de la frontera ocasionada por la grave crisis económica, política y social que afronta el vecino país, expresada en la escasez de medicamentos y productos para el consumo alimenticio básico, y sobre todo, una creciente tensión política y social en virtud del acelerado proceso de deslegitimación del gobierno en ejercicio en aquel país. La creciente pobreza, la falta de fuentes de empleos, la caída de los ingresos petroleros de los cuales depende Venezuela, la incapacidad de manejo macroeconómico del gobierno en ejercicio, la oposición dividida que ha logrado boicotear u obstaculizar el desarrollo normal de la economía, a lo que se suman bloqueos internacionales, son algunas de las razones por las cuales se ha presentado esta masiva migración, que se estima en alrededor de 35.000 venezolanos que entran diariamente a Colombia y si bien muchos de ellos regresan a Venezuela, también es cierto que una buena parte se quedan en Colombia por la falta de oportunidades en su tierra natal.

 

De esta forma lo que inicialmente tenía como característica distintiva una movilidad de tipo pendular de ida y regreso, progresivamente se ha transformado en un complejo proceso migratorio, que incluye esta forma de migración pendular, pero igualmente la llegada tanto de familias de colombianos residenciados en Venezuela, que buscan nuevos horizontes al retornar a Colombia, muchos de ellos con varios hijos; además, con la entrada de numerosos venezolanos que llegan a Colombia como un lugar de migración de destino.

 

Se pueden identificar tres momentos en este masivo proceso que, literalmente ha invadido varias poblaciones fronterizas, y que recientemente están llegando a las grandes ciudades del país.

 

1. Retorno de colombianos desde Venezuela

Han regresado al país colombianos que habían emigrado a Venezuela desde la década de los 70 buscando nuevos horizontes, la gran mayoría con sus hijos y familia, haciendo uso de viejos lazos familiares y culturales. Aunque no existen cifras exactas hay quienes estiman que se trata de más o menos un millón de colombianos con sus hijos.

 

Este sería un primer tipo de migración de venezolanos hacia Colombia. Hay que precisar que los hijos de colombianos en el exterior tienen ciudadanía colombiana y por lo tanto pueden ejercer todos los derechos según la constitución y las leyes colombianas.

 

2. La migración pendular

La movilidad pendular consistente en un cierto volumen de inmigrantes que retornan a Venezuela el mismo día o varios días después, se hace de forma legal con base en el uso de la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), un mecanismo de regulación de la inmigración creado por el gobierno colombiano, que consiste en una tarjeta que permite la entrada legal al país hasta por siete días y únicamente en la zona de frontera, durante este periodo de tiempo los inmigrantes pueden desarrollar diversas actividades.

 

3. Migración de destino

Son los inmigrantes llegados a Colombia con la idea de quedarse a vivir, es decir sin una perspectiva de retorno a Venezuela. A la fecha se estima en 600.000 venezolanos, de los cuales el 43% cumple con normas internacionales para quedarse, pues, entre otros elementos cuentan con pasaporte.

 

Muchos de ellos recurren a otra estrategia que ha diseñado Colombia ante esta situación, se trata de Permiso Especial de Permanencia -PET-, con el cual pueden quedarse en Colombia hasta dos años y trabajar en el país, afiliarse a la seguridad social, abrir cuentas bancarias, etc. Ante la situación, cada vez más grave, se ha rediseñado este proceso para regularizarlo con mayor fluidez, y se espera una entrada masiva por esta vía en los próximos meses.

 

Como se puede observar la situación es crítica, la crisis interna de Venezuela genera otra, la masiva migración de venezolanos a Colombia. Es de notar que Colombia no cuenta ni con experiencia ni con los recursos suficientes para atender dignamente a un pueblo hermano, que en el pasado nos acogió, por lo que la mayoría de los colombianos sentimos especial afecto y un compromiso ético para atenderlos.

 

Un buen número de los venezolanos que están entrando a Colombia o que quieren hacerlo cuentan con título de doctor, lo cual genera cierto resquemor por las dificultades en Colombia de ubicarse laboralmente con título de este nivel. También han llegado venezolanos inversionistas a Colombia y han tenido éxito en su emprendimiento.

 

Como lo demostró Bloomberg Businessweek entre abril y agosto del 2017 la migración de venezolanos hacia Colombia fue mayor a la registrada por el Mediterráneo a Europa. En términos globales se estima que los venezolanos que han viajado al exterior a diversos destinos huyendo de la situación del país son alrededor de los 2’500.000, cerca del 8% de su población, según datos de ONU para 2016.

 

Toda esta situación ha tenido un gran impacto en Colombia, escuchándose voces pidiendo que se declare la crisis humanitaria por la emergencia que ha generado, en particular en las ciudades fronterizas con el vecino país, donde los servicios públicos de salud, de educación y sanitarios se han visto desbordados por la creciente demanda. 

 

Queda claro, que se trata de un problema complejo, que no terminará pronto y al que debemos hacerle frente con dignidad, solidaridad y sin politizarlo en medio de la actual campaña electoral que tan mal sabor deja entre quienes seguimos esperando un debate de altura con propuestas a profundidad y no con ataques personalistas que solo muestran la pobreza intelectual de los candidatos.

 

_________________

 

* Economista; Magíster en Economía, Magíster en Ciencia Política, PhD(c) en Historia. Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no comprometen a las instituciones a las que está vinculado.

 

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Jaime O. López de Mesa C.
Donald Trump un salto al vacío en políti
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Donald Trump, Un Salto al Vacío en Política Internacional

Jaime O. López de Mesa C.*

jaimelopezdemesa@gmail.com

Febrero, 2018

 

Hace un año escribíamos en este mismo espacio sobre los riesgos de subestimar al presidente de los Estados Unidos Donald Trump, entonces señalábamos que sostener que era un incapaz para gobernar constituía un alto riesgo pues implicaba no entender su estrategia de gobierno. Un año después, luego de múltiples ires y venires esta argumentación se ha convalidado.

 

En la arena internacional las decisiones de Trump han sido nefastas para la paz mundial, pero positivas para su proyecto de gobierno. En efecto, el presidente ha gobernado en coherencia con su eslogan de “primero Estados Unidos”, y en ese orden de ideas, ha dirigido todo su arsenal político para fortalecer el nicho de votantes que le sigue siendo fiel, objetivo que a todas luces es el que orienta su política tanto interna como externa.

 

Con base en esta línea de acción y su carácter ególatra, ha convertido la política externa de los Estados Unidos en una herramienta para satisfacer los intereses económicos y la base de votantes que le apoyó. Esto no sería nada novedoso con respecto a otros presidentes que le antecedieron, sin embargo, el talante belicista, pendenciero, que desconoce compromisos y poco diplomático, hacen del presidente Trump un líder poco fiable.

 

Por ejemplo, la revisión de los Tratados de Libre Comercio de Estados Unidos con diferentes países, en particular el TLCAN con México y Canadá sumado a su empeño de construir un muro en la frontera con México, reflejan esa política beligerante e inamistosa contra antiguos socios de su país.

 

Sus decisiones sobre la migración reflejadas en el recrudecimiento de la persecución a inmigrantes ilegales en los Estados Unidos y la cancelación de la Protección Temporal, TPS, para 200.000 inmigrantes salvadoreños, 60.000 haitianos y 2500 nicaragüenses, así como sus decisiones de cancelar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, DACA, han constituido uno de sus sellos distintivos.

 

Aquí debemos sumar la posición despectiva y racista del presidente cuando habla de países en vías de desarrollo, es el caso de su expresión de “agujeros de mierda” refiriéndose a los países centroamericanos y africanos. En mi opinión esta actuación es especialmente diciente pues al ser expresiones espontáneas reflejan la verdadera mentalidad que tiene el presidente sobre los países en vías de desarrollo. Algo que no nos debe sorprender, en realidad, pues no se debe olvidar la forma, no sólo despectiva y grosera sino además injusta con que se refirió reiterativamente, durante su campaña electoral, a los inmigrantes en general, y en diversas ocasiones a los mexicanos en particular.

En un momento de cambios estructurales en la geopolítica mundial, en el que pugnan nuevas potencias por tomar el liderazgo en la arena internacional, las cuales no se caracterizan precisamente por defender la democracia, el liderazgo del país que se dice así mismo ser la mejor y mayor democracia del mundo, ha dejado mucho que desear.

 

Política basada en la agresividad y en la amenaza, en las sanciones y en el desconocimiento de los acuerdos previamente adquiridos, han permitido que sus competidores ganen espacios en la arena internacional, que de otra forma no habría logrado tan rápidamente.

 

Se trata de una política exterior errada que busca frenar su desgastada hegemonía y su debilitada presencia internacional. Sin embargo, lejos de lograr ese objetivo, esa estrategia ha sido un fracaso, varios casos lo demuestran. Por ejemplo, el beligerante discurso reiterativo contra Corea del Norte, poniéndose a la par del tirano gobernante de aquel país, hablan claramente de su incapacidad de liderazgo a nivel internacional. Las amenazas de una guerra comercial contra China, la desastrosa estrategia en Siria que le ha llevado a perder liderazgo en la región y a permitir que Rusia llene ese vacío, el desconocimiento de los acuerdos de contención nuclear con Irán, acuerdos que el resto del mundo reconoce que dicho país ha cumplido, su retiro del acuerdo de París sobre el medio ambiente, son ejemplos de espacios vacíos que ha generado la errática política del presidente Trump y que ha permitido que otras potencias entren a liderarlos.

 

Así pues, lejos de tener un presidente capaz de lidiar con los neurálgicos y críticos asuntos internacionales, la mayor potencia militar del mundo, en aras de la búsqueda del interés de unas cuantas empresas que han patrocinado su campaña, ha puesto como líder a un astuto empresario que ha sabido llenar las arcas de dichas empresas, anteponiendo los intereses de lucro sobre los intereses de la paz mundial, en otras palabras, dando prioridad a los intereses del capital estadounidense, esa es la idea de “primero Estados Unidos”.

 

 

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* Economista, Magister en Economía, Magister de Ciencia Política y candidato a Doctor en Historia, Internacionalista. Profesor Universidad Militar Nueva Granada.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan el pensamiento de las instituciones para las que el autor presta sus servicios.

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TRUMP, POPULISMO Y (ANTI)GLOBALIZACIÓN

Jaime O. López de Mesa C.

jaimelopezdemesa@gmail.com

Bogotá, febrero de 2017

 

Muchos analistas han planteado la poca capacidad del presidente Trump, han recalcado sobre su supuesta ignorancia acerca de los asuntos económicos e internacionales, esa es una dirección errada.

Si se quiere realmente hacer frente a los riesgos que implica su mandato hay que reconocer la inteligencia con que manejó la campaña y la estructura orgánica de su discurso.

 

La llegada a la presidencia por parte de Donald Trump ha suscitado innumerables comentarios que buscan explicar las razones por las cuales su discurso populista ha sido exitoso, en estas líneas pretendo plantear una dirección analítica complementaria.

 

Son varios los aspectos que hay que tener en cuenta para interpretar y comprender el giro que implica la presencia del empresario neoyorquino en la Casa Blanca. Por supuesto, su enorme fortuna ha jugado un papel básico para poder financiar su carrera política, también ha sido importante su figura mediática construida especialmente con base en sus programas de reality, ampliamente difundidos a través de los canales de televisión globales.

 

Un elemento central es su discurso claramente populista centrado en una doble ruptura, por una parte, con el establishment norteamericano consolidado a partir de la Segunda Guerra Mundial cuyas raíces se extienden hasta comienzos del siglo XIX; y por la otra, con la visión del manejo económico que en apariencia promete una ruptura con el proceso de globalización.

 

Laclau[1] en su análisis sobre el populismo destaca tres precondiciones para que éste surja, veamos cómo cada una de ellas se ha cumplido para el caso que nos ocupa. Primero, la formación de una frontera interna antagónica separando el “pueblo” del poder. En efecto, un componente del discurso de Trump que iba más allá de los eslóganes fue precisamente su intención de regresarle al pueblo estadounidense el poder político, como quedó plasmado en su discurso de posesión:

 

 “hoy no estamos haciendo una mera transición de poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington DC y devolviéndoselo a ustedes, el pueblo estadounidense”.

 

Se establece, pues, una frontera antagónica entre quienes detentaban el poder y el pueblo que ha sido excluido de las decisiones de política, situación que ha conducido, según el discurso conservador de Trump a que:

 

durante demasiado tiempo, un pequeño grupo de nuestra nación ha cosechado los beneficios del gobierno mientras la gente carga con los costes…  El 'establishment' se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de este país”.

 

Una segunda precondición para el populismo es lo que Laclau denomina una articulación equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del “pueblo”. Y en efecto, una de las razones para el éxito de Trump fue la capacidad de articular en su discurso propuestas concretas de política con los significantes vacíos, es decir, con aquellas variables que una gran parte del pueblo estadounidense sentía como vitales para su sobrevivencia y que no habían sido escuchadas ni asistidas por los gobiernos anteriores. Esas demandas son significantes, es decir, de importancia, pero vacías en tanto no eran atendidas. Se reinstaura entonces el poder al ciudadano común, al “pueblo” del cual el nuevo líder hace parte, así Trump afirmó:

 

“nosotros, los ciudadanos estadounidenses, estamos ahora unidos en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restablecer el futuro prometedor para todos los estadounidenses. Juntos determinaremos el rumbo de Estados Unidos y del mundo en los próximos años”.

 

Es el momento del pueblo pues la situación va a cambiar porque este momento es su momento, les pertenece:

 

“Este momento pertenece a todos los que están aquí reunidos y a todos los que nos están viendo en Estados Unidos. Este es su día. Esta es su celebración. Y Estados Unidos es su país”.

 

Finalmente, una tercera precondición es la unidad de ese conjunto de demandas en un sistema estable de significación. En este punto vale la pena reseñar que el discurso ultraconservador y neopopulista de Donald Trump logró la articulación de una serie de demandas que flotaban en la sociedad, demandas significativas, pero de las cuales se desentendió del establecimiento, es decir significantes flotantes que no lograban unidad en el discurso político dominante y que ahora son reconstruidas como significantes vacíos que interpretan las necesidades del “pueblo”. De acuerdo con el presidente Trump:

 

“los estadounidenses quieren buenos colegios para sus hijos, barrios seguros para sus familias y buenos trabajos para ellos. Estas son demandas justas y razonables para un público honrado. Pero para muchos de nuestros ciudadanos, la realidad es otra…”,

 

Como lo señaló hace más de doce años Yves Surel [2], el recurso al pueblo es central en el populismo: “(1) el “pueblo” es el soberano del régimen político y el único referente legítimo para interpretar las dinámicas sociales económicas y culturales; (2) las élites de poder, especialmente las políticas, han traicionado al “pueblo” al no cumplir las funciones para las cuales fueron designadas; (3) es necesario restaurar la primacía del “pueblo”… Este es el núcleo duro del populismo entendido como esquema ideológico, y constituye un conjunto de recursos discursivos diseminados dentro de los regímenes democráticos”.

 

El discurso de Donald Trump a lo largo de su campaña, y en su posesión presidencial, presenta claramente la línea conductora expuesta por Surel. En síntesis, su discurso constituye una pieza del populismo apuntalada por las desigualdades y vacíos democráticos generados por el proceso globalizador de corte neoliberal.

 

Sin embargo, la llegada al poder de un populista de derechas en un país desarrollado no debería sorprendernos, son muchos los ejemplos en este sentido, Berlusconi en Italia, Sarkozy en Francia, Blair en el Reino Unido, por sólo mencionar algunos casos.

 

El problema radica, como lo señalo también Surel, que los populismos tienden hacia una deriva autoritaria, y por lo acontecido desde la toma de posesión, es la tendencia del presidente Donald Trump. Su trato discriminatorio contra algunos medios de comunicación, la construcción del muro en la frontera con México, la decisión de deportar a inmigrantes por el solo hecho de provenir de países árabes aun cuando tengan documentos que legitimen su presencia en Estados Unidos, constituyen algunos de los síntomas de dicha deriva autoritaria.

 

Es importante entonces, tener presente que señalar al presidente Trump como un incapaz, un inepto o un ignorante de los procesos políticos y de los asuntos internacionales, constituye un error, su capacidad discursiva, su habilidad para articular necesidades sentidas por gran parte de la población estadounidense y unificarlas en un discurso que para dicha población es coherente e interpretativo de sus angustias, refleja inteligencia y astucia política. Como lo señaló Newt Gingrich en el Washington Post “este es un presidente mucho más sofisticado de lo que sus críticos creen”[3].

 

Por lo tanto, un paso importante para construir una crítica coherente y sólida ante un gobierno discriminatorio y negacioinsta de problemas que atañen a toda la humanidad, partiendo de negacionismo de la ciencia, en particular en lo que respecta a los problemas del medio ambiente, así como para plantear acciones estratégicas frente a esta arremetida, es la de reconocer que no se trata de un personaje y de un equipo anodinos, sino de toda una línea de pensamiento que está detrás de la argumentación discursiva y de las acciones y decisiones políticas de su líder.

 

Afirmaciones reprobatorias tales como que con su gobierno llegó el fin de la globalización constituyen el reflejo de una crítica pobre, desnutrida de argumentos y simplista que poco aporta a las luchas sociales contra el hegemón ahora gobernado por un populista de derechas.

 

Aspectos tales como el fin de la globalización, la decadencia de los Estados Unidos, el progresivo cambio de polaridad de los poderes económicos de occidente hacia oriente, las contradicciones entre las ansias del poder político nacional y el carácter trasnacional del capitalismo, son elementos que se deben tener en cuenta a la hora de evaluar el naciente gobierno de Donald Trump. Sobre estos asuntos volveremos en próximas columnas.

 

 



[1] Laclau, Ernesto (2005) La razón populista. Fondo de cultura económica, Buenos Aires.

[2] Surel, Yves (2003) Berlusconi, leader populiste ? en Oliver Ihl, Janine Chène, Eric Vial, Ghislain Wartelot (dirs.) La tentation populiste en Europe, París, La Découverte.

[3] Gingrich, Newt (2017) Newt Gingrich: Margaret Thatcher is the real model for the Trump presidency. The Washington Post, January 26

 


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Trump, populismo y (anti)globalización.p
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