"El bello encanto de la hipocresía en la sociedad"

Por Carlos Martínez

Cantautor, compositor y escritor argentino

Imágenes de archivo, Carlos Martínez

Junio, 2020

La sala estaba abarrotada en su mayoría por damas ancianas. Se trataba de una especie de nueva religión o secta. Uno de los oradores se levantó para hablar, vestido únicamente con un turbante y un taparrabos. Y habló emocionadamente acerca del poder de la mente sobre la materia y de la psiquis sobre el soma. Todo el mundo escuchaba embelesado. Al terminar, el orador regreso a su sitio justamente enfrente de mí. Su vecino de asiento se dirigió a él y le preguntó en voz baja, aunque perfectamente audible: "¿cree usted realmente lo que dice de que el cuerpo no siente nada, sino que todo esta en la mente, y que la mente puede ser conscientemente influida por la voluntad?"  ”Naturalmente que lo creo”, respondió el farsante con piadosa convicción. “Entonces…”, le replicó su vecino: "¿Le importaría cambiarme el sitio? ¡Es que estoy en medio de una corriente…!" 

Muchas veces he intentado desesperadamente practicar lo que predico.

¡Si me limitara a predicar lo que practico, sería mucho menos farsante...!

Sobre cuento de Antony de Melo

La hipocresía es el mal necesario que gobierna a una sociedad individualista, egoísta y egocentrista. Una sociedad hipócrita es una sociedad falsa y enferma que finge constantemente ser lo que no es. En ella vivimos moviéndonos sigilosamente como víboras y con artística precisión para sacar el mejor partido a las circunstancias y a nuestros pares. Coincidir las acciones con nuestras palabras parecería un dilema difícil de resolver y al mismo tiempo un ejercicio que, sin duda, nos sacaría de nuestro sitio de confort. Desde chicos nos inculcan el respeto hacia los demás, muchas veces, con mensajes encontrados ya que nuestros modelos en sus acciones suelen no aplicar con mucha naturalidad sobre lo que predican. -Tal y como explicó Lawrence Kohlberg en su teoría sobre el desarrollo moral, es en la segunda etapa, en la llamada «moral convencional», cuando el niño, de entre 10 y 13 años desarrolla ya un inicio de conciencia sobre el sentido de la justicia, descubriendo además cómo los adultos pueden caer en sus propias contradicciones-. Durante nuestra infancia convivimos y vamos moldeándonos dentro de un sistema de sentimientos discordantes, en donde el remedio corre riesgos de ser peor que la enfermedad. Al llegar a la adolescencia comienza la dura y desgastante tarea de ser aceptados por nuestros pares falseando nuestra propia esencia de los que no todos logran sobrevivir. Y a medida que pasan los años nos volvemos cada vez mas expertos en la incansable tarea de competir dentro de una sociedad hipócrita y cerrada que no defiende los verdaderos valores humanos y nos saca de una mirada compasiva y equitativa.

Sin duda, la capacidad de fingir del ser humano se ha desarrollado extraordinariamente, no solo como un arte hacia los demás, sino que también hacia consigo mismo convirtiéndonos en exquisitos mentirosos combinando a la perfección el disimulo con la ficción, siendo una de las razas más complejas que en su mecanismo de auto consolación emplea una capacidad muy refinada en desdibujar a su conveniencia consciente o inconscientemente los acontecimientos.

Si bien la tecnología ha logrado maravillas, sobre todo en la comunicación y la edificación personal con respecto a la información, también ha fortalecido significativamente la forma hipócrita de relacionarse, pues escondidos tras personajes prefabricados en el mundo cibernético, uno puede ser quien quiera ser. ¡Así de fácil! Uno de los grandes enemigos que tiene la sociedad es el miedo, el miedo a perder hasta lo que no se tiene.

David Runciman en La Hipocresía política nos lleva una reflexión:

¿Qué tipo de hipócrita tendrían que elegir los ciudadanos para que les gobierne? El hacerse esta pregunta enseguida nos descalificaría como cínicos. Sin embargo, lo que parece cínico es seguir aparentando que la conducta de los políticos es sincera.

Este mal tan necesario aparentemente tiene por vida casi la historia de la humanidad y su mecanismo ha sido ir perfeccionando las técnicas hipócritas de convivencia. Pero sin duda nadie, absolutamente nadie pudo, puede ni podrá esconderse tras su misma sombra.


Carlos Martínez

 

Compositor, escritor y cantante. Más de 300 canciones escritas, compuestas, grabadas y adaptadas para teatro. Participación en festivales de la canción: Oti, México, Buga, Colombia, Chile  etc. Escritores musicalizados: Idea Vilariño, María Elena walsh, Elsa Bornemann, Rafael de León, Susana López de Gomara, Julia Prilutzky Farny, Alberto Cirilo, Magdalena Sánchez Blesa, Alfonsina Storni, entre otros. Obras declaradas de interés cultural por Cultura de la Nación como un exponente de la canción infantil juvenil. Representante de de la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires como jurado en cultura. Presentaciones por IDARTES Cámara Colombiana Del Libro, Fundalectura. Conciertos al aire libre y talleres de lectura y canto para chicos, 16 conciertos programados por Bibliored y distinguido por la Asociación de Autores y escritores por trayectoria y merecimiento artístico y aporte cultural SADAIC

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