Filosofía para el siglo XXI

A propósito del VII Congreso Colombiano de Filosofía

Por Franklin Giovanni Púa

franklinpua@gmail.com

 

“Constantemente la filosofía ha sido llamada a defender su utilidad públicamente  y a justificar,

a quienes no comprenden su valor, el porqué de su importancia”

Sociedad Colombiana de Filosofía

 

 

En las instalaciones de la Universidad Industrial de Santander en la “ciudad bonita”, se llevó a cabo del 15 al 18 de agosto de 2018 el VII Congreso Colombiano de Filosofía convocado por la Sociedad Colombiana de Filosofía. Espacio que se ha convertido en un punto de encuentro de todas aquellas personas que se dedican a esta disciplina de manera profesional y qué actualiza la siempre valiosa pregunta por el lugar de la filosofía en el problemático contexto colombiano.

 

Si bien el I Congreso Colombiano convocado por la SCF se dio en el año 2006, es preciso recordar que los encuentros académicos en filosofía tienen una larga tradición que data de los años 70 del pasado siglo XX, con escenarios como los Foros Nacionales de Filosofía y posteriormente los Foros Nacionales de Estudiantes de Filosofía. Espacios todos que recuerdan como el hacer filosofía ha estado estrechamente vinculado al dialogar sobre filosofía, en un ánimo que excede la presentación de resultados investigativos o la discusión sobre problemáticas determinadas, se podría incluso afirmar que ese dialogar sobre filosofía es uno de los componentes fundamentales del “hacer filosofía”.

 

Al dialogo del VII Congreso, con Perú como país invitado internacional, acudieron 720 asistentes, en el marco de 405 intervenciones discriminadas en escenarios como plenarias, presentaciones de libros y las tradicionales ponencias, tanto en mesas temáticas como simposios. Las mesas agrupaban trabajos diversos de distintos investigadores (as), los simposios eran producto de convocatorias alrededor de un problema, temática o red de investigadores y tenían un carácter más específico.

 

Vale la pena rescatar la diversidad de temas que se visibilizan en un encuentro cómo este. Las mesas reflejaban una composición más tradicional sobre períodos y tratados, desde filosofía antigua y medieval, pasando por ética, filosofía política, filosofía continental, hasta filosofía y educación, hermenéutica y filosofía latinoamericana y colombiana. Los simposios mostraron una variada gama de intereses investigativos, desde discusiones más ceñidas a la disciplina –experiencia y trascendencia, el pensamiento de Heidegger de cara al siglo XXI- hasta inquietudes muy ancladas en problemas contemporáneos –el ser humano en la era de la técnica, pensar la tolerancia hoy-, sin olvidar los encuentros sobre problemáticas más específicas –la relación entre filosofía y literatura, justicia plural e injusticias convergentes desde América Latina, filosofía del performance.

 

El Congreso no sólo se ha venido constituyendo como un espacio de intercambio, discusión y socialización, también es un termómetro cualitativo de lo que implica la posibilidad de la posturas reflexiva y crítica de la filosofía ante la realidad contextual (política, social, cultural etcétera). Frente a ello vale la pena destacar, entre otros muchos por supuesto, dos factores interesantes que muestran la diversidad temática y la potencialidad propositiva de un evento como este.

 

El primero de ellos el protagonismo de la Red Colombiana de Mujeres Filósofas, visible por la voluntad  de mujeres dedicadas a la filosofía en distintos ámbitos y especialmente el educativo. No sólo se percibe en dicho esfuerzo una inquietud por agruparse alrededor de una condición particular, se ve una posibilidad de interpelación a los esquemas frecuentes de una disciplina que, como tantas otras, ha privilegiado la mayoría de las veces la mirada masculina sobre su quehacer, mirada que en muchas ocasiones parcializa y homogeniza, incluso echando mano de autores clásicos como fuente.

 

De otro lado y como un ejemplo interesante de apertura y enriquecimiento de este tipo de espacios, la ponencia en la mesa dedicada a los temas de filosofía latinoamericana y colombiana de un profesor perteneciente al pueblo Kogi, Lucas Coronado Zabarata, quien presentó una ponencia sobre el saber ancestral de la Sierra Nevada de Santa Marta según el trabajo intercultural de la Institución Educativa rural indígena Dumingueqa, valioso aporte que contribuye a la apertura a las formas de pensamiento no occidental y visibiliza ese arco iris de diversidad que constituye nuestra realidad.

 

La filosofía como punto de encuentro, como lugar de debate y crítica, como inconformidad con lo establecido y perspectiva de apertura con la diferencia, tiene en este tipo de espacios un lugar especial de construcción y disputa del sentido, en medio de un problemático contexto que las más de las veces juzga el pensar y premia la sinrazón. Hace falta mucho por hacer claro, aún se perciben rígidos esquemas institucionales que en ocasiones entorpecen la apertura, pero de seguro la misma filosofía, amante de la sabiduría por definición, podrá repensarse, resignificarse y hasta rehacerse para un mundo en conflicto, el mundo del siglo XXI.