EL SUMAK KAWSAY:

LAS DIFICULTADES DE LA CONSTRUCCIÓN DEL BUEN VIVIR Y LAS ELECCIONES EN ECUADOR

Por Jaime O. López de Mesa C.[1]

jaimelopezdemesa@gmail.com

 

En la primera vuelta los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia Lenin Moreno y Jorge Glas del Movimiento Alianza País, (movimiento político del presidente Rafael Correa), obtuvieron el 39,33% de los votos válidos, seguido por la fórmula del movimiento CREO-SUMA integrada por Guillermo Lasso y Andrés Páez- con el 28,1%. Esto significó que al candidato Moreno le faltó solamente el 0,67% de los votos para alcanzar la victoria en la primera vuelta.

Recuérdese que según las normas vigentes en Ecuador para ganar en la primera vuelta se debe alcanzar mínimo el 40% de los votos totales válidos y además tener una ventaja igual o superior al 10% sobre el segundo candidato con mayor número de votos.

Vale la pena mencionar que algunos comentaristas, ante la demora en el recuento de los votos por parte de la autoridad electoral, sostenían que “si no había segunda vuelta significaría que se estaría presentando fraude electoral”. Afirmación un tanto irresponsable pues al candidato Moreno, como se ha dicho, le faltaba menos de 1% para lograr los votos que evitarían dicha vuelta cuando quedaba más del 5% por escrutar, además con la ventaja suficiente para cumplir con el segundo requisito.

 

Guillermo Lasso - Candidato Movimiento Creo-Suma
Guillermo Lasso - Candidato Movimiento Creo-Suma

¿Qué Explicaciones Hay para estos Resultados?

En los recientes análisis sobre los comicios en Ecuador ha sido recurrente la argumentación sobre los diferentes problemas que ha tenido el presidente Correa con algunas de las bases que en las dos elecciones anteriores lo llevaron al poder, se ha sostenido que dichos problemas son la clave de la valoración de las realizaciones del presidente Correa en sus diez años de gobierno.

Por supuesto, en un análisis de los resultados del proyecto del Buen Vivir ecuatoriano, es necesario incluir los obstáculos que enfrenta el presidente que representa a un gobierno alternativo -alternativo al neoliberalismo de las derechas latinoamericanas-, sin embargo, limitarse a estos aspectos supone una perspectiva cuando menos sesgada.

En el momento en que ha concluido la primera vuelta vale la pena tener en cuenta, no sólo las diferencias de carácter político y conceptual entre el gobierno de la Revolución Ciudadana y algunos miembros de la comunidad indígena y la clase media ecuatorianas, también es necesario tener una perspectiva más amplia a la luz de los resultados sociales de su política, recordando que el programa propuesto por el Movimiento Alianza País se fundamentó justamente en una inclusión del ser humano en las políticas.

En esta reflexión pretendo mostrar cómo, si bien a lo largo de una década de gobierno efectivamente el presidente Correa ha tenido contradicciones con algunos sectores, también es cierto que sus resultados respaldan la campaña del candidato Lenin Moreno que propone la continuidad de la política del Buen Vivir. También deseo reseñar que en estos comicios están en juego intereses y políticas que van más allá de las elecciones en Ecuador.

 

Contradicciones con las Bases

Rafael Correa logró las mayorías en las elecciones del 2006 con el respaldo de un grupo de movimientos sociales y políticos, cuya base era su propio Movimiento Alianza País, con el aporte de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, y diferentes partidos de izquierda como el Pachakutik, Movimiento Ciudadanos Nuevo País, Partido Comunista del Ecuador, y una alianza formal con el Partido Socialista-Frente Amplio.

Cumpliendo con sus compromisos electorales el presidente impulsó la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que obtuvo el apoyo del 63,93% de los votantes y promulgó una Nueva Constitución en septiembre de 2008. Con base en esta Nueva Carta el presidente Correa renunció y se convocaron a nuevas elecciones en el año 2009 cuando obtiene de nuevo las mayorías.

La estructura de gobierno y sus estrategias políticas fueron ampliamente aceptadas y contaron con apoyo de movimientos políticos incluso algunos ajenos a los que le habían respaldado en el proceso electoral. Sin embargo, tempranamente se empezaron a dar diferencias con sectores de la CONAIE y algunos miembros del Pachakutik.

Se menciona entre las razones de dicho distanciamiento, la introducción por parte de Correa de la minería a gran escala, afirmando que dicha posición contradice los principios del Buen Vivir. Aquí, sin embargo, hay que tener en cuenta que la posición del presidente desde un principio no fue claramente la de oponerse a la gran minería en general sino a la minería extractiva sin controles gubernamentales y sin medidas ambientales, de allí su ambiciosa propuesta de conservar el petróleo del Yasuní ITT ubicado en el Parque Nacional Yasuní sin extraerlo, con el objetivo de conservar la biodiversidad y los derechos de los indígenas que ancestralmente habitaron dicha región, propuesta que no tuvo eco en diversos sectores de las élites ecuatorianas ni en el exterior, estrategia que abandonó en 2013 en razón de esta circunstancia, pero sobre todo porque, como lo señalan Mateo y García “en relación con las reservas, Ecuador ha alcanzado la cúpula de la campana de Hubbert (Acosta 2011), lo que significa que se han explotado la mitad o más de sus reservas,…, se puede afirmar que Ecuador se encuentra en el umbral del actual modelo económico extractivista” (Mateo y García, 2014: 120).

Es bueno tener en cuenta que la idea presidencial de la minería a gran escala se basaba sobre una fuerte participación del Estado y su intervención para el control de la misma y que se cristalizó únicamente en marzo del 2012, es decir, después de cinco años de gobierno, así que no es válido sostener que este ha sido un problema desde el inicio de su primer período presidencial. Lo que sí es válido afirmar es que la introducción de la minería de gran escala contradice principios básicos del Buen Vivir, que se fundamenta en la convivencia armónica con la naturaleza y el medio ambiente, y, como se sabe, la minería extractiva por muy técnica y cuidadosa que sea, es dañina con el medioambiente. Encontramos entonces una posición contradictoria con las políticas directrices de sus programas de gobierno.

La severidad en el trato a la movilización social ha sido otro de los elementos que recurrentemente se señalan como uno de los factores que ha distanciado al presidente Correa de algunas de las bases que lo apoyaron en sus campañas electorales. En efecto, se han presentado diferencias notables entre el gobierno y las organizaciones indígenas y campesinas en la concepción misma de lo que debería ser la movilización social. El presidente ha argumentado que sus críticos confunden autoritarismo con principio de autoridad y señala que su responsabilidad ha sido la de defender el estado de derecho frente a secuestros de personas, bloqueos de carreteras que impiden la movilización libre de los ciudadanos, secuestro de maquinaria, etc. Sin embargo, es cierto que se ha presentado una estrategia de limitación a las movilizaciones sociales y un exceso de persecución por la vía judicial a sus líderes. De manera que es lícito sostener que existen diferencias de fondo entre el presidente Correa y algunos sectores sociales que lo apoyaron en lo que atañe a la concepción de la movilización social.

La conformación de un Estado plurinacional, bajo la égida del proyecto del Buen Vivir, implicó una reestructuración de la distribución del poder político en Ecuador, estas diferentes concepciones que han entrado en choque entre gobierno y algunos sectores sociales refleja el difícil proceso de este cambio.

Situación similar se ha presentado con respecto a la política agraria, que, de una propuesta de integración de la economía campesina con las políticas de desarrollo del Buen Vivir, pasó, a partir del plebiscito del año 2011, y consolidada en la Ley Orgánica de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales aprobada por la Asamblea Nacional -el órgano legislativo del Ecuador- en enero de 2016, a una política que privilegia el agro-negocio y la agroindustria, como estrategia de modernización del sector agrario para articularlo al mercado mundial.

El agro-negocio está dirigido al mercado interno, pero es una forma de disciplinar la pequeña y mediana producción campesina a los intereses del capital y vincularlo orgánicamente al proceso de financiarización característico de la actual fase de globalización capitalista; mientras que la agroindustria vincula la producción agropecuaria al mercado mundial asumiendo la nueva forma de renta tecnológica vinculada con la tenencia de la tierra, en particular con la producción de agrocombustibles. Ambas formas implican un proceso de expulsión del campesinado y de crecimiento del proletariado campesino, por ende, va en detrimento de la economía campesina y es funcional a la estructura monopólica característica de la agroindustria.

Se entiende entonces que esta política agraria del presidente Correa entrara en contradicción con la propuesta agraria ínsita en la perspectiva del Buen Vivir caracterizada por “el modelo plurinacional, que parte de un replanteamiento de la visión de la tierra como espacio de vida y se asienta en la preeminencia de la propiedad comunitaria (modelo CONAIE)” (Saltos 2011).

 

Lenín Moreno - Candidato Movimiento Alianza País
Lenín Moreno - Candidato Movimiento Alianza País

Logros de la Revolución Ciudadana

En lo que respecta a las políticas laborales, se decretó que todas las empresas privadas y entidades gubernamentales vinculen trabajadores con algún tipo de discapacidad y dar preferencia a postulantes de minorías étnicas en las entidades públicas. Se eliminó la tercerizacion de trabajadores, además se estableció la obligatoriedad por parte de los empleadores de afiliar a todos los empleados al IESS - Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos -INEC-, Ecuador registró una tasa de pobreza por ingresos de 22,9% en el 2016 frente al 36,7% del 2007, lo que representa aproximadamente 1,4 millones de personas que salieron de la pobreza, es decir el 8,4% del total de la población del país. Esto, por supuesto, es un avance significativo en la lucha contra la pobreza.

La desigualdad de los ingresos medida por el coeficiente de GINI -en donde la mayor concentración se ubica en uno y cero representaría una perfecta distribución del ingreso-, se ubicó en 0,466 en 2016 frente a 0,551 del 2007, una reducción de 8,5 puntos. Lo que, por supuesto, también representa uno de los mejores avances en la lucha contra la desigualdad en América Latina.

Dicho instituto certificó que la tasa de matrícula en educación básica subió del 92% al 96% entre 2008 y el 2016. La matrícula de la población más pobre durante el periodo 2007 - 2015, pasó del 89% al 95,4%, es decir, un incremento de seis puntos.

La Organización Mundial de la Salud ha resaltado los logros en la lucha contra la desnutrición, que del 1,1% en 2007 cayó al 0,4% en 2014.

En cuanto a la educación superior el gobierno ha invertido más de 1.000 millones de dólares para la creación de nuevas universidades: la Universidad de las Artes, la Universidad Regional Amazónica, la Universidad Nacional de Educación, y la ciudad del conocimiento denominada proyecto Yachay.

Los avances en los procesos de modernización de infraestructura de los puertos, los aeropuertos y las vías terrestres, son ampliamente reconocidos a nivel internacional. El incremento notable de la participación del Estado en la renta petrolera fue uno de los componentes más importantes de su primer mandato y significó una batalla contra los intereses transnacionales de las grandes extractoras de petróleo. Lucha a la que se sumó la posición radical de Correa frente al daño medioambiental de dichas empresas transnacionales.

No son pocos, entonces, los avances que para la sociedad ecuatoriana significó la época “correista”. Finalmente, se le reconoce la estabilidad institucional que vivió Ecuador a partir de los gobiernos de Correa.

 

Hitos en la Era de la Revolución Ciudadana

Son varios los momentos que marcaron inflexión durante la década en que gobernó Rafael Correa, además de su victoria inicial en las elecciones de septiembre del 2006. La convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente fue el primer punto que marcó el derrotero de su línea de acción, con una victoria contundente en las votaciones con el 77% de participación ciudadana en las urnas y con un porcentaje de votos superior al 63% a favor del sí liderado por el gobierno.

Otro hito lo constituyó el referéndum constitucional y consulta popular del 7 de mayo 2011 con la aprobación de la ciudadanía acerca de las reformas propuestas por su gobierno sobre asuntos relativos a la seguridad, el sistema judicial, los medios de comunicación y la banca.

También lo fueron las elecciones generales del 2013 en las que Correa ganó en primera vuelta con el 57,2% de los votos y logrando con su Movimiento Alianza País 100 de las 137 curules de la Asamblea. Este resultado significó un reconocimiento a sus logros desde 2007 en el poder.

Sin embargo, un momento crítico lo constituyó el año que va desde inicios del 2015 hasta mediados del 2016, denominado por algunos observadores como el año de la “tormenta perfecta”, pues, en aquel año convergieron dos hechos fundamentales que devinieron en una progresiva caída de la popularidad del presidente.

De una parte, la rápida disminución de los precios del petróleo desde finales del 2014, a lo que se sumó que en 2015 la Reserva Federal de los Estados Unidos subió las tasas de interés y se apreció el dólar, que como se recordará es la moneda de circulación oficial en Ecuador, esto condujo a la pérdida de competitividad de la economía ecuatoriana. Estos hechos limitaron fuertemente la capacidad de intervención del Estado al disminuir los recursos con los que contaba para sus programas sociales y ralentizar el crecimiento de la economía que había tenido un ritmo del 4,6% en promedio según datos del BID.

Esta situación se ve aún más agravada por el terremoto del 16 de abril de 2016 que con una magnitud de 7.8 en la escala de Richter afectó gravemente la costa pacífica especialmente en las provincias de Manabí y Esmeraldas. Esta situación afectó gravemente la economía y transformó el panorama político del país, en tanto la problemática de la reconstrucción se constituyó en uno de los puntos álgidos explotados por la oposición, elemento que ha sido trasladado al actual debate electoral.

 

Más Allá de Ecuador

Las consecuencias de las elecciones en el país andino no se limitan a sus fronteras, hay por lo menos tres elementos que lo articulan con el escenario internacional.

De una parte, está la ambigua posición de la derecha representada por Guillermo Lasso respecto al apoyo de un eventual gobierno de su parte al proceso de paz entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional que tiene a Ecuador como como sede de las conversaciones y garante del proceso. Una circunstancial derrota de Lenin Moreno en la segunda vuelta podría afectar estos diálogos de paz.

La posición del gobierno de Correa frente al papel de las transnacionales, la reestructuración de la renta petrolera que disminuyó los ingresos de estas empresas en favor del país, y el diferendo contra la Chevron sobre la indemnización por los grandes daños ambientales que ocasiona en la Amazonia, sin duda, se verán afectados por los resultados definitivos de en la segunda vuelta del próximo 2 de abril.

Precisamente, con la arremetida de la derecha internacional contra los gobiernos alternativos de América Latina y la reinstauración del neoliberalismo en algunos países que fueron dirigidos por la izquierda hasta hace poco, Argentina con Macri, Brasil con Temer o el continuo asedio al gobierno de Venezuela, las elecciones de Ecuador representan un momento de inflexión en la sobrevivencia o declive de una perspectiva de gobierno que se aleja de la dogmática neoliberal.

 

Reflexiones Finales

La década de gobierno de Rafael Correa está marcada por luces y sombras, por el desgaste de un periodo tan largo en el ejercicio del poder y por las propias contradicciones del gobierno de la Revolución Ciudadana.

Sus contradicciones con movimientos sociales y políticos que, en principio, por su orientación, fungieron como aliados, devinieron en una pérdida progresiva de legitimidad reflejada en la progresiva pérdida de votos a partir de la reelección del presidente en el 2013.

El deslinde del presidente Correa con algunos principios básicos del Sumak Kawsay, el Buen Vivir, en particular su decisión de activar la minería a gran escala, su actitud un tanto autoritaria frente a las protestas y la movilización social, y la puesta en marcha de una política agraria que debilita, aún más si se puede, la economía campesina, fueron los pilares de las principales contradicciones con algunos sectores de las bases que lo apoyaron para lograr el poder. Sin embargo, hay que precisar, que no fueron todos los componentes de dichos movimientos sociales que se distanciaron del presidente.

La posición gubernamental de confrontación ha dividido al país progresivamente, perdiendo cohesión social y generando un proceso de ilegitimidad de las políticas públicas.

Parece ser que el actual proceso electoral, a la luz de los recientes resultados de la primera vuelta, han pesado más estas circunstancias que los innegables logros que en la arena económica, social y energética ha mostrado Ecuador en la década correista.

El pueblo ecuatoriano debe escoger entre un candidato de la línea gobernante, Lenin Moreno, que parece ha interpretado los errores del gobierno de Correa y que propone en su plataforma electoral justamente una nueva integración social, que coloca la sociedad como protagonista frente al Estado, y el establecimiento de una democracia radical entendida como el gobierno de los mercados y la economía al servicio de la gente. La oposición por su parte, en cabeza de Guillermo Lasso, un banquero multimillonario, limita sus planteamientos a la reducción del tamaño del Estado y a la racionalización administrativa del sector público. Este último puede ser muy crítico dado que el 97% de los empleados públicos en Ecuador están concentrados en el factor de la salud y educación, así que una reducción del tamaño del Estado implicaría un golpe muy fuerte a estos dos sectores.

Los resultados de la segunda vuelta, además, tienen una dimensión internacional relacionada con los diálogos de paz del Gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional - ELN, con los contenciosos sobre las empresas transnacionales y en particular la demanda contra la Chevron, y con el futuro de los gobiernos alternativos de América Latina.

Más allá de preferencias por tal o cual ideología, lo cierto es que el pueblo ecuatoriano tiene una responsabilidad en las urnas el próximo 2 de abril no sólo de carácter nacional sino de interés internacional, en su voto la última palabra.

 

 


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[1] Economista. Magíster en Economía. Magíster en Ciencia Política. Candidato a Doctor. Profesor Universidad Javeriana – Bogotá. Las opiniones expresadas son de responsabilidad del autor y no constituyen el pensamiento de las instituciones con las que está vinculado.


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