Santa Marta: cuando la política, la memoria y los pueblos se encuentran

Por Gladys Calderón

Noviembre, 2025

 

 

Del 7 al 10 de noviembre de 2025, la ciudad caribeña se convirtió en escenario de reflexión, justicia y esperanza para América Latina, el Caribe y Europa

 

Ha sido un punto de encuentro entre memorias, visiones y esperanzas. En medio de un mundo atravesado por la crisis climática, la desigualdad y el desgaste del multilateralismo, allí coincidieron tres acontecimientos que reflejaron los grandes dilemas y búsquedas de nuestra época: el diálogo birregional entre América Latina, el Caribe y la Unión Europea, la Cumbre Social de los Pueblos y el acto histórico de perdón por el genocidio político de la Unión Patriótica (UP).

 

Tres espacios distintos, pero unidos por una misma pregunta: ¿Cómo construir una integración que ponga la vida, la justicia y la memoria en el centro.

 

Entre el 7 y el 10 de noviembre, representantes de los países latinoamericanos, caribeños y europeos se reunieron para pensar los caminos de una cooperación que responda a los desafíos actuales.

 

No fue un encuentro fácil. En los debates se respiraba la tensión entre la retórica del desarrollo y la necesidad de una transformación real del modelo económico que mantiene la desigualdad y el deterioro ambiental.

 

Más allá de los discursos, quedó flotando una sensación compartida: el viejo orden internacional ya no basta para enfrentar la crisis del planeta ni para sostener las democracias.

 

La palabra de los pueblos: una integración desde abajo

 

Mientras tanto, los días 8 y 9 de noviembre, los movimientos sociales, organizaciones feministas, campesinas, afrodescendientes, indígenas y juveniles se reunieron en la III Cumbre Social de los Pueblos de América Latina y el Caribe.

 

Allí se habló desde la vida cotidiana, desde la tierra y el cuerpo, desde la experiencia de quienes sostienen el mundo sin figurar en las estadísticas.

Las discusiones no fueron paralelas a la política: fueron un espejo crítico que recordó que la integración regional no puede hacerse sin los pueblos, ni la cooperación sin justicia.

 

Temas relevantes para ambas cumbres: un eco entre lo oficial y lo popular

 

A pesar de sus diferencias, tanto las conversaciones gubernamentales como las populares coincidieron en algunos temas esenciales, que atraviesan las dos orillas de este diálogo birregional:

 

1. Justicia fiscal y financiera

 

La necesidad de un nuevo pacto que enfrente la evasión, la deuda y la concentración de la riqueza, y que priorice el financiamiento público y solidario.

 

2. Crisis climática y transición justa

 

Reorientar las políticas ambientales hacia una transición ecológica con justicia social y de género, basada en los derechos humanos y el respeto a la naturaleza.

 

3. La sociedad del cuidado

 

Reconocer el trabajo de cuidado —humano y ambiental— como pilar del bienestar, responsabilidad compartida entre Estado, comunidad y sector privado.

 

4. Democracia y espacio cívico

 

Defender la participación ciudadana frente al avance del autoritarismo y la criminalización de los movimientos sociales.

 

5. Nueva visión de la cooperación internacional

 

Superar la lógica del crecimiento económico como única medida de desarrollo y apostar por una cooperación centrada en la equidad, los derechos y la sostenibilidad.

 

Estos temas no fueron parte de un documento común, pero resonaron en ambos espacios como una coincidencia ética: la urgencia de poner la vida y los pueblos en el centro de cualquier proyecto político.

 

El perdón y la memoria: un país que se mira al espejo

 

En medio de esos días de debate y reflexión, el 9 de noviembre, Santa Marta fue testigo de un hecho histórico: el acto público de reconocimiento de responsabilidad del Estado colombiano por el exterminio de la Unión Patriótica.

 

Durante décadas, más de 3.000 militantes de la UP —entre ellos líderes, concejales, congresistas y dos candidatos presidenciales— fueron asesinados en un genocidio político que marcó la historia del país.

 

El perdón oficial, en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, fue más que un gesto simbólico. Es un momento de verdad y dignidad.

 

El eco de esas palabras acompañó el cierre de las cumbres, recordando que no hay integración ni democracia sin memoria.

 

Durante esos días, Santa Marta se convirtió en un espejo donde se reflejaron las tensiones, las heridas y las esperanzas de dos regiones que comparten más de lo que creen.

 

Entre los acuerdos oficiales, las voces populares y el reclamo de justicia histórica, emergió una idea sencilla y poderosa:

 

"La integración más profunda no se escribe en los comunicados, sino en la memoria y la dignidad de los pueblos".

 

Desde el Caribe colombiano, Santa Marta dejó una reflexión sobre cómo construir el nuevo paradigma por la vida para América Latina y el Caribe y de cómo construir relaciones justas con La EU, que siguen siendo injustas en muchos ámbitos.

 

 

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