Liza Roncancio

Crónicas de Barcelona

 

 

EMBLEMA Y CULTURA

 

Nunca antes había visto el metro tan atiborrado. Y lo más novedoso, de personas de todas partes del mundo. Al lado que miraras escuchabas un idioma diferente. Pero a todos nos unía el mismo motivo: despedir un año,viejo ya, y recibir uno nuevo con la mejor energía, para que los buenos deseos sean como imán que se peguen a nuestra piel y nuestra mente.Y se hagan realidad.

Y no me equivoqué.Llegamos a la misma estación. No podía ser otra; se llama Espanya, así, porque la fonética catalana cambia la ñ por ny. Allí queda el monte Montjuìc al lado del cual construyeron, a principios del Siglo XVII, y para impedir los ataques contra Felipe IV una atalaya que emitía señales cuando los barcos enemigos se acercaban. Posteriormente, empezaron la construcción sistemática de lo que hoy es el Castillo Montjuîc. Una fortaleza militar con muchos propósitos: defender desde sus flancos, atacar a quien pretendiera atacar.A lo largo de los siglos se fue transformando, hasta convertirse en lo que hoy es, el Museo más representativo de la historia catalana.

 

Al llegar a la plaza,vi como esos muros que cuenta la tradición se levantaron como parte de la fortaleza, habían sido sustituidos por bellas fuentes de agua; quizá una manera de borrar las huellas de tantas batallas o asaltos que ha sufrido Barcelona. Quizá esa sigue la impronta para que desde diversos extremos del mundo lleguen turistas a visitarla.Y como para los viajeros es imprescindible incluir en sus itinerarios meterse y untarse de las tradiciones y expectativas de un pueblo, este momento,en un lugar ya simbólico para la ciudad, no podía quedar excluido del recorrido en la agenda de los viajeros. 

 

Era obvio.Había que disfrutar de ese momento sublime en que se ha convertido el paso de un año a otro. Aún no he entendido porqué tan grande su significado. Pero es así. Es un momento en que los sucesos del año que está quedando atrás pasan de una manera muy veloz por nuestra pupila, y quizá por estar pensando en todo lo vivido, como dijo César Vallejo “como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada” nos despojamos de las diferencias. 

Y aunque el lugar guarde toda una larga y densa historia de guerras, enfrentamientos y fusilamientos, de la Guerra de Sucesión, de la época franquista y tantos siglos de convulsiones, hoy es uno de los sitios más emblemáticos de esta ciudad cosmopolita.Allí reposa la memoria de todos esos episodios,representados por una importante colección de artificios de artillería, unos, cedidos por museos en desuso o coleccionistas, y otros, para preservar la memoria de las batallas, los ataques, los ejecutados y fusilados que lo catalogan como el museo que guarda lo más representativo de la tradición Catalana. 

 

Una historia que se ignora ante la emoción que aumenta con la cuenta regresiva de las doce campanadas. Es el momento en que sabemos que un año ha muerto, pero el nuevo nos revive las ilusiones.Y sentir que allí, en esa gran plaza cuando estalla un juego de luces y pirotecnia, al menos un habitante de cada uno de los países del mundo lo está celebrando a su manera y con los agüeros que cada cultura tiene para que los sueños se hagan realidad. Lavibración aumenta y esa comunión con todas las culturas del mundo, lo hacen más emotivo. 

 

Las fronteras entre oriente y occidente, entre lenguas, entre costumbres, parecen fundirse en los buenos deseos. Porque si acaso hay algo que se siente en el ambiente es que la humanidad tiene derechos inalienables; y entre ellos, ser feliz, cumplir los sueños y disfrutar de la armonía y la paz, sin perder la memoria histórica. 

 

Desde 1988, cuando fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional, El Castillo Montjuîcha sido objeto de una serie de reformas y adecuaciones.En abril del 2007 el complejo fue entregado en su totalidad a la alcaldía de la ciudad y definido como Centro de Paz regido por un consorcio entre el Ayuntamiento de Barcelona, el Ministerio de Defensa y la Generalidad de Cataluña.

 

En el 2015, la Ley de Memoria Histórica del Ayuntamiento prohibió la misa que anualmente se celebraba desde 1940 por los caídos en la sublevación del 36, al considerarlo un acto de exaltación del golpe militar. Porque ser un lugar para la reconciliación, que desde el 2009 se declaró como “espacio para la memoria, el ocio y la cultura” con exposiciones permanentes y temporales, visitas guiadas, un mirador de 360 grados hacia la ciudad, además del encuentro de culturas el 31 de diciembre de cada año, no deber hacer apología a los conflictos, si no por el contrario, al encuentro y la reconciliación de todos los pueblos del mundo.