Armemos la espantosa
Colombia, abril 25 de 2026
Pronunciamiento de mujeres colombianas frente al evento inaugural de la FilBo 2026
#ColombiaTieneEscritoras
Colombia tiene mujeres en el ecosistema del libro
La inauguración de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026 volvió a dejar una imagen que ya conocemos demasiado bien: una mesa compuesta casi exclusivamente por hombres; es más, compuesta total y exclusivamente por hombres, porque, si la ministra no fuera ministra, tampoco habría ocupado ese lugar. Eso no fue un descuido ni una coincidencia; tampoco fue un detalle de mala planeación: es una decisión, la de reproducir una forma de poder en el campo literario; una forma machista, adultocéntrica, que excluye a las mujeres en nuestra diversidad, así como a las poblaciones indígenas y afro, entre muchas otras.
Esa mesa sucedió así, sin vergüenza, como un bodegón del patriarcado, como si en Colombia no existiéramos las que escribimos, editamos, ilustramos, traducimos, diagramamos, investigamos, mediamos la lectura, sostenemos librerías, creamos editoriales, formamos lectoras y lectores y hacemos posible, todos los días, que el mundo del libro exista.
No es la primera vez. No es una excepción. Es una escena que se repite con una obstinación deliberada y, por eso, ya no admitimos excusas: listas de autores sin mujeres, delegaciones sin escritoras, comités directivos sin nosotras, paneles donde nuestras voces —de mujeres en una diversidad enorme: afro, indígenas, campesinas, de la población LGBTIQ+ y más— aparecen como cuota o simplemente no aparecen.
Inaugurar una feria debería ser un acto de comunión de lo diverso, no esto que viene siendo cada año.
Nosotras no estamos llegando tarde a la literatura; hemos estado siempre. Lo que ha faltado es reconocimiento, escucha y lugar en los espacios donde se decide qué cuenta como literatura y quién la representa. Esa foto de la inauguración no es solo una imagen: es la muestra de prácticas, relaciones y decisiones que siguen dejándonos a las mujeres fuera del centro del campo cultural. Por eso decimos con claridad: esto no es anecdótico, es estructural. Es la decisión de personas que representan instituciones cuyo objetivo es crear un comité de aplausos, no dignificar la literatura en un sentido verdaderamente amplio.
Hace años venimos señalándolo. En 2017, treinta y seis escritoras impulsamos la campaña #ColombiaTieneEscritoras cuando el país decidió presentarse ante Francia sin una sola mujer en su delegación literaria. No era la primera vez que pasaba, pero decidimos que no iba a suceder en silencio. Esa voz tuvo efectos: se creó el Premio Elisa Mújica, se fortalecieron políticas de visibilización, nació la Biblioteca de Escritoras Colombianas. Hemos visto avances, sí, y los celebramos, pero también hemos aprendido algo: los logros institucionales no garantizan transformaciones profundas si no cambian las prácticas de poder.
Porque, mientras se crean colecciones y premios, en los escenarios más visibles —los que definen jerarquías simbólicas y también hechos materiales— seguimos quedando por fuera.
El año pasado ya lo advertíamos. La escritora Yolanda Reyes cuestionó que en la inauguración de la FilBo 2025 hubiera una sola mujer escritora entre muchos hombres. Era una alerta clara: no basta con incluirnos en los márgenes si en el centro seguimos ausentes. Y este año, la escena se repite. Una sola mujer en la inauguración, la ministra de Cultura, frente a una mesa dominada por representantes del poder institucional y un escritor.
Entonces preguntamos —y lo hacemos en voz alta porque el silencio también es una forma de complicidad—: ¿de verdad no hay voces diversas que puedan inaugurar la feria más importante del país? ¿De verdad la conversación pública sobre literatura sigue teniendo dueños, así, en masculino plural? Hay una pregunta que no podemos dejar pasar: si la FilBo tiene una directora, Adriana Ángel Forero, que ha liderado este proyecto durante años, ¿por qué su voz no ocupa un lugar central en ese momento inaugural? ¿Qué jerarquías operan ahí? ¿Quién decide quién habla y quién queda en la foto?
Nosotras sabemos que esto no se resuelve con una invitación de último minuto. No queremos entrar por la puerta de atrás ni aparecer como gesto decorativo. No queremos “favorcitos”: queremos reglas claras, decisiones transparentes y participación real desde el inicio. Porque la literatura no es solo escritura, es también poder; y quien ocupa los espacios marca sentidos, define legitimidades y referentes.
Nuestra historia lo demuestra. Durante siglos, muchas de nosotras escribimos en silencio o fuimos silenciadas; algunas fueron censuradas por sus familias, otras ignoradas por la crítica, otras nunca publicaron. Hoy seguimos reconstruyendo esa memoria: Elisa Mújica, Teresa Martínez de Varela, Marvel Moreno, Helena Araújo, Agripina Montes del Valle, Albalucía Ángel, Edelma Zapata Pérez, María Teresa Ramírez Uribe, Mary Grueso o Vicenta Siosi Pino, entre muchas otras. La lista sigue creciendo, porque el olvido también fue sistemático, y no solo en Colombia; esta exclusión ha marcado la historia cultural en muchos países y lenguas.
Por eso no aceptamos que nos digan que “ahora sí hay más mujeres”. Siempre hemos estado; lo que ha faltado es voluntad para vernos.
Nosotras hemos construido pensamiento, lenguaje, archivo. Hemos escrito sobre la guerra y la paz, sobre el cuerpo, la memoria, la infancia, la desigualdad, el deseo, la justicia. Hemos creado redes, procesos culturales,
espacios de formación. Hemos sostenido la literatura incluso cuando no había condiciones para hacerlo. Y, aun así, cuando llega el momento de representar al país, nos siguen haciendo a un lado. Nos dicen que no es intencional. Nos dicen que son decisiones curatoriales. Nos dicen que es coincidencia. Pero, cuando algo se repite, deja de ser coincidencia y se vuelve patrón; y, cuando ese patrón excluye, el asunto es político.
Por eso lo decimos sin suavizarlo: esto es una forma de exclusión que tiene efectos concretos; define quién es visible, quién es leída, quién es invitada, quién es traducida, quién circula. Define quién existe en la conversación pública. No basta con que publiquen nuestros libros si no estamos en los espacios donde se construye legitimidad. No basta con que nos lean si no nos escuchan. No basta con que nos celebren si no nos incluyen en las decisiones. La representación no es un gesto simbólico, es una disputa por la voz.
Y sí, sí es necesario incomodar y vamos a armar la espantosa. Porque, históricamente, los cambios no han llegado desde la comodidad, sino desde la insistencia y la inconformidad organizada y colectiva.
La foto de la inauguración de la FilBo 2026 no nos representa; es vergonzosa y no la vamos a normalizar. No invitar a mujeres, a comunidades afro, indígenas y a otras voces del país a ese espacio no es neutral: es una forma de seguir delimitando quién cuenta y quién no. Nosotras hablamos desde un lugar amplio: somos escritoras, editoras, ilustradoras, traductoras, libreras, mediadoras, investigadoras, diagramadoras, bibliotecarias, gestoras culturales, docentes, lectoras. Somos el ecosistema del libro, y ese ecosistema no puede seguir siendo narrado sin nosotras.
Por eso no estamos pidiendo. Estamos exigiendo.
No queremos ser una excepción bien portada. Exigimos ser parte de la regla. No pedimos inclusión. Exigimos reconocimiento. No pedimos espacio. Exigimos incidencia. No pedimos ser invitadas. Exigimos estar desde el principio, donde se toman decisiones.
Este comunicado es una posición política colectiva, es denuncia, es dignidad, es una apuesta por transformar el campo cultural de nuestro país.
Colombia no solo tiene mujeres en la literatura: Colombia se escribe con nosotras. Nosotras hemos sostenido la palabra, la memoria y los procesos que hacen posible el mundo del libro, incluso cuando se nos ha dejado por fuera de la escena. No vamos a seguir permitiendo que se nos nombren sin vernos, que se nos publique sin escucharnos, que se nos celebre sin incluirnos en los espacios donde se decide.
No vamos a seguir ocupando los márgenes de una conversación que también es nuestra. No somos cuota. Somos parte de la regla. Exigimos estar, con voz, con presencia y con poder, donde se define la vida literaria de este país.
#ColombiaTieneEscritoras, editoras, ilustradoras, traductoras, libreras, correctoras de estilo, agentes literarias, críticas, periodistas culturales, diseñadoras, gestoras culturales, mediadoras de lectura, talleristas, docentes, investigadoras, promotoras, directoras de ferias y festivales literarios.
Firman:
Marisol Palacio Cepeda Centro Pensamiento FIBESJ (viernes, 08 mayo 2026 11:09)
Desde nuestro Centro de Pensamiento Crítico FIBESJ compartimos el contenido de este artículo y la necesidad imperiosa de unirnos para que nuestras voces sean escuchadas siempre y proscribir el silencio estructural adultocéntrico.
Luz Mary Cuesta Castillo (lunes, 27 abril 2026 12:17)
No podemos continuar en la oscuridad tenemos que continuar luchando en el senado y camara que es donde se aprueban todas las leyes tenemos que volverlas leyes de la república para poder continuar.Nuestras escritoras son la representación en todo el mundo adelanta que si se puede.
Maríacarolina Duperlysalazar (domingo, 26 abril 2026 18:10)
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