Cartagena de Indias

Por Nora Carbonell Muñoz

Julio, 2021

 

Cartagena de Indias, una ciudad para regresar una y otra vez.  Situada en la Costa Caribe de Colombia, es uno de los destinos más apetecido por los turistas y viajeros del mundo; no solo por la historia que encierran sus murallas y baluartes -uno de ellos: el Castillo de San Felipe de Barajas fue construido en 1657, durante la época colonial española-,  el disfrute que ofrecen sus playas y paisajes marinos, las delicias de su gastronomía y el bon vivre que se respira en las calles angostas de su Centro Histórico. Es por algo más profundo, la sensación de que mientras estemos en ella, todo va a salir bien; porque allí en esa ciudad de playa, brisa y mar, nada malo puede pasar; es como un estado de ensoñación que desearíamos perdurable para nuestro espíritu cercado por los avatares cotidianos.

 

El apretado itinerario que les comparto de un día en Cartagena, es una de las múltiples posibilidades que nos ofrece la zona turística de esta atractiva ciudad. Después de disfrutar de un baño en el mar y desayunar en el Hotel Caribe frente a la playa de Boca grande, mi compañero de viaje y yo caminamos sin prisa para volver a admirar la maravillosa vista de 180° con la Bahía de las Ánimas, el Centro de Convenciones, el Muelle de Los Pegasos, el Camellón de los Mártires y el Parque Centenario de fondo; luego ingresamos por la emblemática Torre del Reloj y pasamos por el Portal de los dulces y la hermosa Plaza de la Aduana: ya estábamos dentro del Centro Histórico de la ciudad. Atravesamos callecitas donde el colorido, los idiomas y los aromas se fusionan en una unidad de extrañeza y alegría. 

 

 

Con la admiración de siempre, contemplamos las mansiones coloniales del siglo XVIII y sus altos portones y ventanas de hierro con aldabas y escudos. Terrazas y balcones desde los cuales, las plantas y flores se deslizan por las paredes enmohecidas por la nostalgia del tiempo detenido. Hoteles y restaurantes de todo tipo y precio. Entramos al Palacio de la Inquisición -para impresionarnos de nuevo con las evidencias de una de las leyendas negras de la Iglesia católica- y continuamos reconociendo La Plaza de San Diego, la iglesia y la Plaza de Santo Domingo, la Catedral Santa Catalina de Alejandría, la Iglesia de San Pedro Claver donde reposan los restos del santo, los museos San Pedro Claver y el Naval del Caribe: todos estos lugares de gran valor histórico, están situados unos muy cerca de los otros.

 

Después de nuestra enriquecedora travesía por el Centro Histórico, tomamos un carro de servicio público para ir a almorzar en el restaurante Mabare, situado dentro del Club Náutico en el barrio Manga, con una maravillosa vista de los barcos del puerto y de la zona de Bocagrande al otro lado de la bahía. Allí disfrutamos de una deliciosa comida de mar, para luego caminar por el muelle de Manga y esperar uno de los mágicos atardeceres que incendian el cielo marino de la bahía, mientras observábamos los alcatraces, tomábamos agua de coco y  comíamos mango biche.

 

 

Regresamos al hotel para descansar y de allí salimos dispuestos a estrenarnos la noche lunera en uno de los sitios alternativos enclavado en las murallas: la Galería libro- café en la Plaza de la Artillería, atendido por sus fundadores Eparkio Vega y Carmen Santos y con un ambiente bohemio, delicioso café y variedad de platillos; conversando y tomando cervezas escuchamos tandas de boleros, salsa, jazz y música brasilera. Eparkio nos comentó que en la Galería libro-café se prestan, venden e intercambian libros y pinturas y que durante toda la semana se presentan diversidad de actividades culturales: exposiciones, recitales de poesía, obras de teatro, títeres…

 

Después de detenernos en el Bar Fidel en la Plaza de la Aduana, nos dirigimos al barrio Getsemaní y en el 2° piso de Quiebracanto –popular club de salsa fundado en 1979- compartimos con una bella pareja interracial la charla, la música y las emociones de la noche caribeña. Junto a ellos anduvimos por la calle de la Sierpe -el mejor lugar de arte callejero con sus grafitis artísticos y murales-, en busca de Di Silvio Trattoria, restaurante de comida italiana. Getsemaní, el barrio más tradicional de Cartagena, ha ido perdiendo su identidad devorada por la dinámica del turismo comercial; sin embargo, aún sobreviven la hermosura de su arquitectura, la atmósfera de autenticidad y pasión caribe, la raigambre de sus orígenes. Como tantos días atiborrados de actividades y sensaciones, este nos dejó exhaustos; y de camino al hotel, planeamos que al amanecer siguiente iríamos a las islas del Rosario, pequeño archipiélago que es parte de la zona insular de Cartagena, pero esa ida conforma material para otro relato. La versatilidad de esta ciudad es inagotable.