Bogotá como territorio biocultural

“Hacia una lectura integral de la ciudad desde la naturaleza y la cultura”

Por Édgar Rodríguez Cruz*

Febrero, 2026

 

 

En las últimas décadas, el concepto de territorio biocultural ha emergido como una categoría analítica clave para comprender las interrelaciones entre biodiversidad, cultura y sistemas sociales, especialmente en contextos urbanos complejos. Desde esta perspectiva, como lo expone Arturo Escobar, las ciudades no pueden entenderse únicamente como espacios construidos, sino como ecosistemas socioecológicos donde confluyen procesos históricos, dinámicas culturales, flujos ecológicos y relaciones de poder.

 

Desde el enfoque de la bioculturalidad, Bogotá constituye un caso paradigmático por su ubicación geográfica en medio de cinco macrosistemas ecológicos (Andes, Amazonía, Caribe, Chocó Biogeográfico y Orinoquía), ubicarse a una altitud de 2.640m con un ecosistema altoandino y humedales, tener una población cercana a los 9 millones de habitantes, ser una metrópoli multicultural con habitantes de todas las regiones del país a raíz de la violencia y el conflicto armado, y ser receptáculo de migrantes de países vecinos en busca de oportunidades. 

 

Bogotá afronta el reto de comprender mejor su realidad para diseñar e implementar soluciones idóneas y proyectarse con autenticidad en el tiempo. En este sentido, entenderse como un territorio biocultural le permite reconocer que su desarrollo y sostenibilidad dependen de la articulación entre ecosistemas, saberes locales, prácticas culturales y políticas públicas.

 

La presencia de aves migratorias evidencia que Bogotá hace parte de sistemas ecológicos transnacionales, lo que refuerza la necesidad de políticas de conservación urbana con enfoque regional y global. Asimismo, estas especies cumplen un rol simbólico y pedagógico al visibilizar la interdependencia global entre ciudades y naturaleza.

 

Bogotá está conformada por 20 localidades con características ecológicas, sociales y culturales diferenciadas. Esta heterogeneidad territorial implica que no existe una única Bogotá, sino múltiples territorios interconectados que expresan distintos grados de urbanización, presencia de ecosistemas, prácticas culturales y multiplicidad dinámicas socioeconómicas.

 

Desde la bioculturalidad, cada localidad puede entenderse como una unidad socioecológica, donde la gestión ambiental debe articularse con procesos culturales y comunitarios específicos. Esta perspectiva permite diseñar políticas territoriales sensibles a la diversidad local, fortaleciendo la participación ciudadana y el reconocimiento de saberes situados.

 

La relación entre áreas urbanas y rurales en Bogotá es estructural y no periférica. La ciudad depende de su entorno rural para el abastecimiento de agua, alimentos y servicios ecosistémicos fundamentales, especialmente de ecosistemas estratégicos como los páramos de Sumapaz y Chingaza. Sin embargo, esta interdependencia ha sido históricamente invisibilizada por modelos de desarrollo urbano que priorizan la expansión y la densificación sin considerar los límites ecológicos del territorio.

 

Desde un enfoque biocultural, la ruralidad bogotana no es un residuo romántico del pasado, sino un espacio vivo de producción de saberes, identidades y prácticas agroecológicas fundamentales para la cultura bogotana. Reconocer esta relación permite replantear la planificación urbana desde la justicia ambiental, entendida como la distribución equitativa de beneficios y cargas ambientales entre poblaciones urbanas y rurales en un marco de usos y costumbres.

 

Para comprender la ciudad y su territorio, es clave resaltar que los humedales forman parte de la estructura ecológica principal de Bogotá y cumplen funciones críticas de regulación hídrica, conservación de biodiversidad y mitigación del riesgo climático, tal como lo argumenta el profesor Thomas Van der Hammen. Más allá de su valor ecológico, los humedales son también espacios bioculturales, donde se articulan procesos de apropiación comunitaria, educación ambiental y construcción de memoria territorial.

 

Diversos estudios señalan que la conservación de humedales urbanos depende en gran medida del involucramiento de comunidades locales y de su reconocimiento como bienes comunes urbanos. En Bogotá, los procesos ciudadanos de defensa de los humedales evidencian la emergencia de una cultura ambiental urbana que desafía la visión utilitarista de concreto y ladrillo a ultranza del territorio y promueve nuevas formas de gobernanza socioecológica.

 

La vegetación de Bogotá, tanto endémica como introducida, desempeña un papel central en la regulación climática, la conectividad ecológica y la calidad de vida urbana. Los cerros orientales, parques, corredores verdes y humedales conforman una red ecológica que permite la movilidad de fauna, especialmente de aves migratorias que utilizan la ciudad como punto de descanso en rutas continentales como lo expone la BirdLife International.

 

En lo referente a las huertas urbanas, según Miguel Altieri, estas permiten recuperar saberes campesinos y ancestrales, fortalecer redes comunitarias y generar estrategias locales de adaptación al cambio climático. En contextos urbanos, estas iniciativas contribuyen a la soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a definir sus propios sistemas alimentarios, convirtiéndose a la vez en aulas vivas para el diálogo de saberes e intercambio de ideas y conocimientos.

 

En el caso de Bogotá, investigaciones periodísticas propias han permitido observar que la crisis causada por la pandemia del covid 19 y el estallido social del 2021, ocasionó un incremento de huertas urbanas y comunitarias, consolidándose como prácticas bioculturales que integran producción de alimentos, educación ambiental y fortalecimiento del tejido social en todas las localidades de la ciudad, resaltando que su valor no reside únicamente en la producción de alimentos, sino en su capacidad para reconstruir vínculos entre personas, territorio y naturaleza, tal como se expone en el proyecto documental “Sembrando Vida en Bogotá. La importancia ambiental, cultural y social de las huertas urbanas en la Localidad de Puente Aranda” del 2025.

 

En este escenario surgen dos cuestiones de trascendencia coyuntural para Bogotá y su desarrollo: el cambio climático y la cohesión social. En una metrópoli multicultural como lo es la Capital, donde confluyen poblaciones migrantes, comunidades étnicas y diversos sectores sociales, la adaptación climática debe incorporar enfoques ambientales, culturales, interculturales y participativos, dado que el cambio climático amplifica desigualdades sociales estructurales y afecta de manera diferenciada, primordialmente, a los grupos poblaciones más vulnerables.

 

Por otra parte, el fortalecimiento del tejido comunitario es condición fundamental para la resiliencia urbana y la transformación social. Estudios recientes destacan que las ciudades con altos niveles de cohesión social responden de manera más efectiva a crisis ambientales y sociales. En este sentido, la cultura, el arte, la participación comunitaria y las huertas urbanas son herramientas clave para construir sentido de pertenencia y corresponsabilidad territorial.

 

Así, surge la necesidad de incluir la bioculturalidad como componente orientador del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá, siendo esta una decisión estratégica para el futuro de la ciudad en la medida en que permite reconocer que el territorio no es únicamente un soporte físico para la urbanización, sino un entramado vivo de relaciones entre ecosistemas, prácticas culturales, saberes locales y formas históricas de habitar. Este enfoque posibilita una planificación más integral, donde los cerros orientales, los humedales, los ríos, las áreas rurales y periurbanas, así como los barrios populares y las centralidades urbanas, se entienden como espacios co-construidos por la naturaleza y la cultura.

 

Incorporar la bioculturalidad en el POT implica, además, valorar los conocimientos campesinos, indígenas y comunitarios presentes en Bogotá, fortaleciendo la protección de la biodiversidad urbana y rural, la soberanía alimentaria, la gestión del agua y la adaptación al cambio climático desde una perspectiva territorial y socialmente justa, participativa e incluyente.

 

A manera de conclusión preliminar, una lectura integral de la ciudad desde la naturaleza y la cultura es necesaria para entender, explorar y proyectar a Bogotá como un territorio biocultural, implicando de esta manera un cambio profundo en la forma de pensar y habitar la ciudad, pues, exige reconocer la interdependencia entre lo urbano y lo rural, valorar los humedales y la biodiversidad, comprender la diversidad ecológica de las localidades, fortalecer prácticas como las huertas urbanas frente a los retos del cambio climático y promover estrategias de cohesión social para buscar soluciones a las problemáticas sociales propias de una metropolí, muchas de ellas resultado del conflicto armado y la historia de un país con profundas inequidades y carente de oportunidades. Este enfoque no solo aporta a la sostenibilidad ambiental, sino que también abre caminos para una ciudad más justa, democrática y culturalmente viva, donde la relación entre naturaleza y cultura sea el eje de la planificación territorial y del proyecto social de la ciudad. 

 

 

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* Édgar Rodríguez Cruz

Mgr Relaciones Económicas y Políticas Universidad de Economía de Cracovia (Polonia). Universidad de la Tierra y la Memoria "Orlando Fals Borda", "Terra Nova" grupo de Investigación en comunicación, cultura y desarrollo, "En Movimiento" Laboratorio de Innovación Social. Redactor editorial de Quira Medios.

 

 

Comentarios: 11
  • #11

    Marisol Palacio (martes, 10 febrero 2026 08:51)

    Una reflexión profunda sobre Bogota desde la bioculturalidad, que pone de manifiesto un conocimiento holistico sobre las ciudades distintas que habitan nuestra ciudad capital y su coexistencia hacia la co construccion de modelos de desarrollo que conectan ineluctablemente lo urbano y lo rural, lo cual apunta sin duda a una gobernanza socio-ecológica. Gracias por la invitación para abandonar la visión utilitarista del ladrillo y afianzar la apropiación comunitaria …

  • #10

    Wilson (miércoles, 04 febrero 2026 12:00)

    Toda la naturaleza está conectada y en tiempos ancestrales los humanos lo estábamos también a ella, gradualmente hemos perdido esa conexión en las ciudades grandes y espacios como las granjas urbanas nos recuerdan que no podemos vivir el uno sin el otro.

  • #9

    Catara Quintero (martes, 03 febrero 2026 21:41)

    Cómo acercarse definir la ciudad, siendo una magma de fenómenos, procesos, almas, vidas que se internectan? Creo que lo logran hacer a través de este artículo, penetran en la complejidad de una ciudad que se reescribe permanentemente, pero que además más allá de lo meramente humano interactúa con la naturaleza, con su geografía, con su historia, y es necesario que como ciudadanos nos pensemos como apuntarle a una lectura integral que permita la construcción de una sociedad donde quepamos tod@s y cada una de nuestras complejidades y facetas. Gracias por el artículo, logra provocar la relectura de la ciudad, de sus habitantes y de la naturaleza.

  • #8

    Gloria Domínguez (martes, 03 febrero 2026 14:21)

    Un artículo fascinante que ofrece una visión holística completa de las ciudades enfocándose en Bogotá D.C.. Su enfoque integral es clave para entender el panorama completo para cualquiera que desee contribuir a la construcción de una sociedad más justa y humana. Gracias Edgar ¡me encantó!☺️

  • #7

    Ana Teresa (martes, 03 febrero 2026 14:10)

    Felicitaciones primero que todo por el artículo señores quira medios, muy interesante. En la mayoría de los municipios y territorios del país tenemos el Plan de Ordenamiento desactualizado; no por esto la Bioculturalidad puede quedar por fuera de las necesidades de los territorios. Son grandes retos que deben irse implementado en la diversidad cultural y natural que tienen nuestras regiones, y somos los ciudadanos de a pie que debemos impulsar y exigir que estos ecosistemas estén a la vanguardia de las necesidades de las poblaciones.

    Saludos

  • #6

    Sandra dayana Ramirez molina (martes, 03 febrero 2026 09:38)

    NUEDTRA LUCHA POR LA VIDA Y EL PROVILEGIO DE PODER DISFRUTAR LO POCO QUE NOS QUEDA. ENTENDIMOS QUE NUESTRO LEGADO A NUESTRAS FUTURAS GENERACIONES NOS PERMITE VISLUMBRAR UN POSIBLE MAÑANA.

  • #5

    Carlos Arturo Arbelaez Cano (martes, 03 febrero 2026 09:06)

    Primero que todo un saludo fraternal Édgar Rodríguez Cruz, y para tu colectivo. Muy valioso el objeto, el desarrollo y el análisis del tema, por cierto, muy bien planteado y explicado en el editorial. Como Ing. Agrícola y geógrafo creo también que hablar de Ordenamiento Territorial, como metodología de modelamiento y planeación del desarrollo territorial, es inocuo mientras no se tenga en cuenta las relaciones multitemporales y multi espaciales de las comunidades que hicieron territorio. Saludo

  • #4

    Gisselle (lunes, 02 febrero 2026 21:39)

    Gracias por la información y el aporte creo que genera un abanico de posibilidades en cuanto a la culturalidad de la ciudad

  • #3

    Viviana Romero (lunes, 02 febrero 2026 20:55)

    Me agrada que quieren buscar el equilibrio entre lo rural y urbano de la actualidad pero en lo personal pienso se debe ser más radical con exigir leyes y garantías que protejan el medio ambiente, la pachamama, los animales y auqbie vivo en la ciudad me parece terrible que tengamos que vivir en cajas de fósforos y dañemos tanto la naturaleza solo por falta de educación y cultura de vivir del mismo campo devolviendo por lo menos el 80 %de lo que la pachamama nos brinda en co oclusión prefiero lo rural no más zonas urbanas expandiendose y afectando la ruralidad y su sentido de ser pura, libre y suprema mente magestuosa en su belleza gracias por la oportunidad bendiciones

  • #2

    Ana Maria Guerrero (lunes, 02 febrero 2026 20:26)

    Muy buena narrativa porque integra lo que es,la ciudad. Pero sería muy bueno hablar la importancia,que tienen las Migraciones humanas y de aves que le dan otra característica a la ciudad.

  • #1

    Diego Fernando (lunes, 02 febrero 2026 12:42)

    Interesante argumento, pero sin voluntad política es irreal pensar en transformaciones en el ordenamiento territorial integrales y sosteniblemente ambientales.