BOGOTÁ INTERCULTURAL, CIUDAD ABIERTA

Edgar Rodríguez Cruz

revista.quira@gmail.com

 

 

En el actual escenario “liquido” de la modernidad, Bogotá se configura como una metrópoli intercultural en donde en medio del tumulto colérico del Transmilenio, la amorfa muchedumbre de los conciertos y el anónimo hormigueo de los conjuntos residenciales confluyen personas procedentes de todas las regiones del país e inmigrantes de diversos lugares del mundo, mujeres y hombres que comparten un anhelo, “soñar y realizar su vida en esta ciudad del altiplano”.

 

Así, Bogotá se presenta como una ciudad tan diversa como anónima, heredera de una multiplicidad de cosmologías, usos y costumbres que por más extrañas o distantes que parezcan perviven en la ciudad.

 

Es común encontrar personas y colectivos plenamente identificados con saberes y cosmovisiones campesinas, indígenas y africanas. Tal es el caso del creciente uso de plantas medicinales, el retorno de prácticas médicas como la partería, o el renacer de cultos a la Pachamama. En lo referente a las expresiones artísticas, Bogotá hoy suena a caribe y Pacifico afro con ritmos originarios del rio Niger, no es extraño escuchar sonidos mediterráneos, aires balcánicos, gitanos y, por supuesto, rock and roll. Por otra parte, las temáticas colores y formas de su arte mural callejero recurrentemente plasman visiones amazónicas, andinas o celtas mostrando una ciudad que extraña la naturaleza, invocando por lo tanto el regreso del misticismo de los antepasados.

 

Toda esta diversidad se presenta como un enorme potencial transformador y refundador para las nuevas generaciones cuyo empuje no se hace esperar. En concordancia con la fluidez de la modernidad vigente, la relación espacio - tiempo se flexibiliza gracias a la revolución de la tecnología y las comunicaciones posibilitando que más personas emprendan búsquedas identitarias acercándose a cosmovisiones indígenas, africanas, orientales y europeas, cambiando usos y costumbres, visiones de mundo y hábitos de consumo, situación que insinúa una transformación profunda en la estructura social bogotana.

 

En consonancia con la fuerza de la historia, el futuro de la Capital es indudablemente intercultural, lo cual significa retos y desafíos para las nuevas generaciones, entre estos refundar las viejas instituciones excluyentes ligadas a los sistemas político y económico, generadores de construcción social y ciudadanía. En este sentido no se trata del mero reconocimiento y contratación de funcionarios bajo principios de diversidad étnica, el tema va hacia la lógica y filosofía de los partidos, el funcionamiento de la democracia, y la construcción de ciudadanía.

 

Bogotá cambia de abajo hacia arriba, retoma su ancestralidad, se proyecta como una metrópoli de enorme riqueza cultural en donde la pluralidad es la norma y la interculturalidad el espíritu cohesionador, una ciudad abierta de espíritu innovador, universal y mirada multicolor.

 



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