Antes que la naranja está el árbol

Una visión del sector cultural y posibles estrategias para fortalecer sus raíces

Por Mónica Lucía Suárez Beltrán*

Abril, 2021

 

 

La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir

Kundera 

 

 

Imaginemos el mundo artístico y cultural como un ecosistema: artistas y gestores compartimos un proceso dentro de un contexto que, además, nos permite incidir en la creación, producción, difusión, accesibilidad y monetización de los bienes y servicios culturales. Eso nos lleva a pensarnos dentro y fuera del mundo creativo; sabernos como parte de una cadena que, más que devenir en una economía nacional, sea una apuesta del sector cultural hacia otras instancias gubernamentales. 

 

Antes que la naranja está el árbol es una propuesta metafórica acerca del fortalecimiento del sector cultural dentro de un tema delicado, como lo es el de las Industrias Culturales y Creativas (ICC). Somos quizás seres de resultados, entonces vemos el árbol y sus hojas, antes que pensar en sus raíces, en aquello que lo hace crecer, en la semilla.

 

Para el mundo artístico está el libro, la obra teatral, pictórica o audiovisual, la presentación de danza o circo, la artesanía, la feria o tantos otros productos de muchos subsectores. Esos son frutos, son resultados valiosos. Pero quien deja respirar el ecosistema es el árbol y antes que él, su semilla. En este caso: los creadores y gestores. 

 

De esta manera, teniendo en cuenta el documento de la UNESCO referido a La cultura en crisis: Guía de políticas para un sector creativo resiliente (2020), vale la pena iniciar por las raíces acerca de lo que requiere el sector en Colombia, en un orden distinto al que los entes estatales sugieren, como aporte a esta discusión, en términos constructivos.

 

Se plantea entonces un inicio: apoyo directo a los artistas y profesionales de la cultura. Esa es la base, la raíz. Somos la semilla del árbol, sin importar la fruta o la flor. Los artistas y creadores somos muchos. No solamente quienes son reconocidos en medios de comunicación, sino aquellos que trabajan en solitario o, a veces, en colectivo. Varios de ellos viven en condiciones muy precarias que empeoran con el envejecimiento y los riesgos de padecer enfermedades. Además, como gran parte de la actividad en el sector cultural es informal, los que trabajan en él apenas están en condiciones de acreditar sus derechos sociales, o no pueden hacerlo de ningún modo. Entonces, casi siempre, el hacer creativo se convierte en una segunda actividad de la vida del artista, para sobrevivir con otras que permitan obtener ingresos fijos. Se requieren prestaciones sociales para los creadores, revisar la labor que cumplen dentro de ese ecosistema y remirar aspectos de la difusión de su obra, no solamente desde lo mediático. “Del arte no se puede vivir” se escucha constantemente, pero es un oficio o profesión que aporta, tanto como muchos otros, a la sociedad; por ende, debería ser viable poder hacerlo.

 

Después de este inicio, la propuesta sugiere apoyo a los distintos gremios y colectivos culturales: cada vez hay más visiones acerca de la cultura como estrategia colectiva. La gestión comunitaria genera unos beneficios colectivos. Ningún recurso puede ser considerado colectivo sin una comunidad activa que lo genere o lo gestione, pero a su vez estas mismas comunidades necesitan de un sustrato común que las integre y las alimente, para establecer, de este modo, una relación de interdependencia dentro del ecosistema.

 

Por último, estaría el fortalecimiento a la competitividad de las ICC, el cual no está enfocado de la misma manera que la llamada Economía Naranja. No a la lógica "económica" de la industria artística, basada en el comercio de bienes culturales como cualquier otro producto, cuya prioridad es la difusión, el éxito inmediato y temporal, su adaptación a la demanda preexistente, su valoración dependiente de la cantidad de ventas. En estos mismos momentos estamos presenciando surgimiento de nuevos comportamientos en el plano cultural. De esta manera, nos replanteamos la relación que se debe establecer entre los artistas, creadores y autores, por un lado, así como los receptores, públicos y audiencias. Una reflexión sobre esta cuestión podría ser esencial para fortalecer las alianzas en el seno de la sociedad civil, de manera incluyente, identitaria y colectiva. Para ello, los colectivos comunitarios locales o nacionales, que se centran en la cultura, son gestores de modelos de emprendimiento que pueden establecer sus propios cánones en cuanto a organización y asuntos financieros. Unos preceptos democráticos, que incluyen diferentes saberes individuales y colectivos para fundamentar estructuras culturales, lejos de pensarse como un negocio solamente.

 

Entonces el “yo creador” que es esa semilla, se transforma en un colectivo, sin dejar de ser un yo que se une a otros en el camino del arte. Para ello, traer a Bachelard vale la pena y retomar el concepto de “cogito de la ensoñación” que es el acto mental de imaginar. Es una acción, individual o colectiva. Pero es una acción. Y la identidad de ese yo creador le permite situarse en un territorio desde aquello que hace: su obra. 

 

La identidad colectiva surge a partir de vínculos culturales que se dan dentro de un espacio comunitario, a través de unas visiones compartidas. Dichas visiones, impregnan esa identidad individual de cada miembro de esa comunidad.

 

Por lo tanto, la formación de la cultura es un proceso dialéctico, en la medida en que a través de la interacción se generan repertorios de ideas, que los individuos materializan en sus comportamientos, y éstos, a su vez, conllevan cambios en las normas, valores, creencias e ideales aprendidos y transmitidos por ciertos mecanismos. Esos repertorios de ideas y prácticas colectivas específicas son los rasgos que caracterizan a los miembros de una colectividad. (Mercado, A, 2009)

 

Apreciemos y degustemos el fruto, sí. Pero antes que la naranja, está el árbol. La cultura, como lo dice Cortázar, es el ejercicio profundo de la identidad. Y sumaríamos: de la identidad de un pueblo o nación que inicia por el yo creador, pasa por lo colectivo, se comparte desde la gestión y requiere fortalecer nuestras raíces como nación. Así que, empecemos por las semillas.

 

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Fuentes: 

  • Aguirre Baztán, Ángel (1999), "La identidad cultural", en Anthropológica, Revista de Etnopsicología y Etnopsiquiatría, España: Instituto de Antropología de Barcelona, Centro de Psicología INFAD, Sociedad Española de Antropología Aplicada.
  • UNESCO (2020). La cultura en crisis. En: file:///C:/Users/mlsua/Downloads/233179_74dcf35cca8d44ab8eafafd1e8931245%20(2).pdf
  • Marín García, Teresa (2007). “Estrategias de creación colectiva” en (págs 209-229). en Marín García, T. y Krakowski, A. (coord) (2007). Tecnologías y estrategias para la creación artística. Universidad Miguel Hernández-Alfagrafc. Altea. 
  • Marín García, Teresa; Martín Andrés, Juan José; Villar Pérez, Raquel (2012). “Emergencias colectivas. Mapa de vínculos de actividades artísticas (autogestionadas) en la Comunidad Valenciana (2001- 2011)” Revista: Archivo de Arte Valenciano. Nº XCII. 2011 (pág. 515-534)
  • Mercado Maldonado, A (2009). El proceso de la construcción de la identidad colectiva, UNAM.
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*Mónica Lucia Suárez Beltrán

Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Educación, Universidad Nacional de Colombia. Investigadora y autora de textos académicos y literarios. Ha liderado Talleres locales de escritura creativa en Idartes y participado como jurado en Festivales y concursos literarios nacionales. Es consejera distrital de cultura en Literatura y líder de Poesía expandida Colombia.

 


 

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