Alberto Prado, un poeta del Caribe

Por Esteban Hincapié Barrera

Abril, 2024

Alberto Prado a través de sus poemas transita entre las palabras voceando las músicas del caribe y sus formas aromáticas y coloríficas.

De la nostalgia a la añoranza y de la contemplación a la sonrisa, nos brinda un inventario donde la familia, el amor, el erotismo y la memoria se entretejen provocando versos entrañables. 

En cada verso parece dibujar lo que habita en la frescura de una mirada sabia, en un recuerdo o en la lozanía de las flores. Sus poemas se convierten en un parangón de la habilidad arquitectónica con la palabra; a través de este transito dibuja paisajes, construye atmósferas, recrea pasillos de la memoria y permite que esta -la palabra-, se convierta en brisas, pinceladas y aromas.

Son estos poemas parte de la sustancia de una herencia que mira desde el presente, que canta músicas de todos los tiempos, donde se saborea la sal de una orilla y la saliva también es la savia del poema. 

En esta muestra poética de Alberto Prado se condensan muchas de sus intenciones, de sus pasiones y sus coqueteos con el mundo. Temas, títulos, palabras, versos, poemas y canciones reúnen acá, los colores y la mirada del Caribe, para nosotros sus lectores.

En casa

 

A mamá

 

Allí en la casa,

en ese espacio que robaste a la soledad,

quedan los pétalos

sembrados en los ojos del barro,

queda el corazón

que no será hielo inerte en la oscuridad.

En la vieja casa

de este Caribe del ensueño,

suenan los tambores

y las voces cantadoras

de un pueblo que late

a la orilla de un poema.

 

Allí en la casa,

quedan tus ansias de la vida

y la esperanza

de una flor que despierta

en los ojos sin malicia

de mis inquietos suspiros.

 

 

 

Padre

 

Tiempo

danzante en las sienes

y en la palabra quebrosa.

Hombre

de madera, de dura madera,

empequeñecida por los soles

de este siglo sin treguas.

Pedacito

de historia nacional,

gran historia humana

de mi palabra y voz.

Leyenda

escrita en los muros de un pueblo,

sin final… sin comienzo…

sólo leyenda.

Piedra

de distancias quebradas,

de ecos sin rumores,

de corteza surcada por las horas.

Árbol

sembrado en el mármol,

enlunado por mil hojas,

Mas… tembloroso, como todos los árboles.

 

 

 

En un día como hoy

 

En un día como hoy, cuando mis pasos eran cortos, recuerdo que mis ojos se llenaban de alegría con una mesa cargada de regalos humildes, por nuestra pobreza, pero grandes regalos con pedacitos de corazón incrustados en sus entrañas… se mostraban a través del celofán:  jarras cristalinas con rayas de colores, vasos simpaticones, pocillos de asas voladoras. Era el tiempo de la alegría en casa, estábamos todos y de cada uno un sencillo regalito se enorgullecía en la mesa que lucía mantel nuevo.

 

En un día como hoy, recuerdo, recuerdo el sonreír de una señora de cabello largo que me regalaba su palabra y obligó a mis fibras a amarla hasta el último de mis días con tiempo en el corazón.  Recuerdo la palabra familia en una unión sin par, familia incrustada en las paredes de la vida, todos alrededor de la mesa y siempre a la espera de mirar para qué habían alcanzado los ahorros de cada uno. Sí, recuerdo que el reto era guardar los recursos para comprar un regalito a la vieja en el segundo domingo de mayo.

 

En un día como hoy mi mente se remonta a los tiempos de domingos vestido de blanco, impecable blanco, cuidadoso blanco, con un clavel rojo en el pecho orgulloso que iluminaba el camino destapado a la iglesia. Hoy el clavel dejó de ser rojo y se cargó con gotas de un rocío traído de mi alma. 

 

En un día como hoy…

 

 

Al principio

 

Al principio fue la sonrisa,

una que otra mirada,

algunas palabras de lugar común.

Tiempo después el fuego en los poros…

Vinieron mis hermanos,

hombres y mujeres cargados con el color de mi sangre.

Después, al final de la curva,

vine yo, a pesar de las prescripciones del galeno,

no había nada qué hacer… vine yo.

Un fuerte llanto para iniciar

y un camino de arcos multicolores por recorrer.

Mamá cuidó mis sueños,

hasta cuando los dueños de la luz

decidieron que era el día de su partida.

Papá hizo que mis manos se hicieran fuertes

y mi pensamiento un enjambre de latencias.

Fue el tiempo el que corrió sobre mis días

y me ha regalado incontables instancias

para decorar mi pecho.

Ahora, mis horas se disfrazan

con esas flores de jardines florecientes

y mis relojes marcan más despacio

los cantos de la luz sobre mis horizontes.

 

 

 

Eres

 

Eres la sal de la vida,

el mar que arrulla,

el celeste camino

que muestra la felicidad.

Mujer,

tú eres el todo

que hace de los días

un renacer, un reiniciar,

tú eres lo viejo y lo nuevo

de los cantos,

la flor que despierta,

que se hace luz

y que espera con las ilusiones

palpitando en las manos.

Sí, tú… mujer,

mereces que el tiempo

y la memoria

mantengan tu piel y tu sonrisa

en un eterno amanecer…

 

 

Color villancico

 

 

Un carrito de vacas

colgado en la brisa

de una tienda esquinera,

 

“mira ya tú ves

llegaron las navidades...”

 

ese diciembre con velas y pólvora

canturreando en el corazón

entona papeles escritos

en viejas paredes.

 

“...y les deseamos

mil felicidades”

 

Un mismo son resguarda

los días y las noches,

soy el niño y soy el grande.

 

El niño que espera sus vaquitas

y el grande con los ojos opacos...

 

Niño color villancico,

hombre de patria en las venas

y las venas se derraman.

 

 

Me moriré

 

Me moriré

como mueren todos.

Con la sencillez

de los muertos recientes.

Se sorprenderán algunos,

muchos no lo creerán.

Todos intentarán

definir la ruta de la última vez

ante sus ojos distraídos.

La mía será clara:

los muertos simplemente viajan y ya.

Viajan a un sitio desconocido,

viajan por caminos sin mapas,

sin vías y al olvido predestinado.

Quedaré así

en silencio y con la piel insípida.

Sin espera, sin tiempo.

Alguien tendrá una flor

que no olerá mi piel.

 

Alberto Prado Morales

Nació en Santa Marta en 1963. Formador del Programa Todos a Aprender del Ministerio de Educación Nacional. Miembro fundador de la Asociación de escritores del Magdalena. Premio Nacional de poesía Rafael Maya 1997, Popayán. Premio Un Canto a tu hijo, Casa de la Cultura del Magdalena. Tiene publicados los libros Memorias de Romero, editado por la Universidad del Magdalena, 2007. Noches de Montaña, 2016. El delgado hilo de las huellas, 2019. Textos suyos han sido publicados en Magazín del Caribe, Poesía Andante. Participó en las antologías Nueva poesía del Magdalena (1995), Esta ciudad del Mar (1998), Puentes de agua (2016), Susúrrame un poema Magdalena (2021). 

Comentarios: 8
  • #8

    Jose D.Medina 3003975177 (jueves, 11 abril 2024 06:17)

    FELICITACIONES PROFESOR ESA VERSATILIDAD,SOLO ES DIGNA DE UN HOMBRE SMANTE DE LAS LETRAS Y LA BUENA POESIA,UN ABRAZO

  • #7

    Fabian Manuel Navarro Rodriguez (miércoles, 10 abril 2024 17:37)

    Felicitaciones maestro. Hoy me siento orgulloso de ser su estudiante, reciba de mi parte todo el respeto y admiración. Sinceramente usted es un ejemplo a seguir.

  • #6

    Jarithza Márquez Pérez (miércoles, 10 abril 2024 17:21)

    Súper interesante todos estos hermosos poemas, en especial "eres".
    Excelente profesor.

  • #5

    Alexander ortega Muñoz (miércoles, 10 abril 2024 13:43)

    Mil felicitaciones profesor Alberto prado, una persona que nos ha enseñado muchas cosas tanto como docente y como persona es un ejemplo a seguir

  • #4

    Rosa Castro (miércoles, 10 abril 2024 13:34)

    ! Felicidades, profe, por la creación de tus maravillosos poemas, que sigan los éxitos!!

  • #3

    Jhoanna Meza (miércoles, 10 abril 2024 09:26)

    Excelente maestro el orgullo de todos los q fuimos sus alumnos

  • #2

    Yaneth toro criado (miércoles, 10 abril 2024 07:46)

    Profe Alberto, mil felicitaciones por enriquecernos con tan maravillosos poemas. Dios le permita seguir iluminando su mente y corazón, ¡bendiciones!

  • #1

    Jose Luis Salcedo Arenilla (miércoles, 10 abril 2024 07:39)

    Excelente profe no sabía esa gran faceta de su vida.