Charles Baudeliare el maldito de los malditos

Por Andrés Pandora

Abril, 2021

 

He puesto el título a este artículo “Charles Baudelaire el maldito de los malditos”, ese hombre que por los años de 1850 en compañía de otros grandes poetas excéntricos fundaron este movimiento gracias a su modus vivendi, a sus excesos de drogas y alcohol, a su homosexualidad. 

Desde pequeño su vida estuvo rodeada de libros, arte, música, de todo aquello que significaba en esa época liberalismo, pensamiento que a la postre se traducía en contestatario, rechazo al poder conservador, fundamentalmente, repudio a un padrastro al que nunca le importaron las artes y mucho menos la poesía. Su época fue convulsiva, de grandes transformaciones en Europa, artistas como Robespiere y Danton dieron su vida por defender la libertad e ir contra la esclavitud.

 

El encuentro con la poética de Baudelaire invita a cuestionarse sobre el compromiso de los artistas, en especial los literatos, para qué están los escritores y para qué los poetas, sino es para transgredir los Estados, atravesar las fronteras, despertar las conciencias.

Baudelaire era el maldito de los malditos, ese hombre que creía en la belleza, en la poesía, en la libertad de la Francia revolucionaria que se propagaba con sueños y pesadillas de poeta, con fusil en mano gritando blasfemias contra la monarquía.

 

Baudelaire creía sobre todo en él, en su forma de hacer y de ser, en su rebeldía, en la altivez, en la obligatoriedad del llamado a la transgresión, a esa misma revolución en la que él había vivido y que en ese momento le negaba.

 

Su obra cumbre “Las flores del mal” fue toda una oda a su forma de ser y de pensar donde cambio el tono de la rima romanticona al servicio de los demás e hizo que el verso se convirtiera en mucho más en ese canto de los malditos, de los indeseables indignados contra todo y para todos, ese desterrado que al lado de sus compinches desato la furia de la iglesia, la indignación de los gobiernos y la vergüenza de la sociedad.

 

Hoy en su aniversario solo quiero decir que en Colombia hacen falta esos poetas malditos, poetas que no se rindan humillados ante el mercado y sus editoriales, mendigantes de lo cotidiano capaces de cambiar un poema por cualquier ilusión de dos pesos que les alimente su ego podrido o una miserable eyaculación precoz.

 

Su lenguaje sencillo pero contundente siempre será una huella y una lectura ineludible para aquellos que de una u otra manera quieren escalar hacia la poesía del siglo 21. Los malditos por siempre y Baudelaire el maldito de los malditos. En estos tiempos de pandemia darle gracias al poeta por su rima, a sus versos porque están más vigentes que nunca, y que el espíritu de su época libere hoy los corazones sumisos y que todo arda.